Un pequeño secuestro
—Debe dejar de sonreír. —es lo primero que digo al salir del elevador.
La guardia dentro de su pequeña cabina no dejaba de mirarme con picardía e inconformismo cuando se despidió de nosotros.
A pesar de eso, soy incapaz de no notar la actitud menos informal del sargento que acompaña sus pasos hacia los autos y vaya coche es el que enciende sus luces para recibirnos.
Es un modelo precioso. Soy malísima con nombres o años de autos, así que, de lo único que estoy segura es de su excelente gusto automovilístico.
Seguro que Justin sabría hasta el nombre de la persona que diseño el auto.
—Luces bastante impresionada. —su voz está acompañada por un aura más despreocupada. Aunque no paso por alto que ignoró mi comentario, lo que me lleva a pensar que entendió el porqué.
—Es que es un auto precioso. —halago con el rugir del motor de fondo— No lo imaginaba en un auto como este.
—¿No? ¿Qué esperabas?
—Algo más reservado y menos llamativo. —respondo, pensando en el tono rojo quemado que distingue a el vehículo.
—¿Cuantas series policíacas has visto?
—Demasiadas para ser contadas. —soy contagiada por su sonrisa, él no despeja la mirada del camino y yo no despejo la mirada de su perfil masculino.
Su nariz es recta y su mandíbula es marcada por la barba incipiente que se asoma desde su cuello sin ser muy espesa al llegar a sus mejillas.
—Sí yo debo dejar de sonreír, usted debe dejar de mirarme. —con un giro leve de cabeza conectó su mirada con la mía por breves instantes, para luego hacer un cambio con la palanca y seguir manejando como si nada.
—¿Disculpe? No lo he mirado de ninguna forma. —me defiendo vagamente de su afirmación, aunque admito que el calor comprimido en mis mejillas me resta credibilidad.
El silencio tras eso, me obliga a dispersar mi ojos hacia la ventana, observando como deja varios carros detrás con agilidad.
—¿No quiere saber mi dirección? —cuestiono —Porque está yendo al lado contrario.
—Me aprendí su dirección de memoria el primer día. No vamos a su casa.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde vamos, entonces? —por su extensa sonrisa que deja ver sus dientes blancos, entiendo que solo está jugando conmigo.
—A cenar. —ignorando mi mueca de incredulidad, sigue hablando— ya es tarde, ¿no tiene apetito?
—¿Eh? No, quiero decir, no creo que sea muy profesional ir a cenar, de hecho, estoy segura que lo correcto sería no haber aceptado que me llevara. Sargento, puede dejarme acá, estamos en el centro, no será difícil tomar el metro, sí, creo que... —
—Señorita Campell, tampoco es profesional o correcto que no obedezca a una orden directa de su superior. — me interrumpe sin más.
—Usted no me ha ordenado nada, así que... —
—Pues le ordeno cenar conmigo y olvidar por un momento el significado de los términos "profesional" y "correcto".
—Eso sería abuso de poder, no nos encontramos en la oficina, no puede... —
—Otro término para agregar a la lista. Y si no le parece suficiente el hecho de que soy su superior y le ordeno lo que debe hacer, tómelo como un secuestro de tiempo indefinido. —Su sonrisa no vacila mientras entramos al estacionamiento de un restaurante conocido de la ciudad.
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La Sombra De Tu Presencia
Mystery / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
