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Suspiro por enésima vez.
No soy consciente de cuánto tiempo ha transcurrido desde que Erick salió disparado de la sala, desde entonces, estoy sola en medio de la gran mesa de madera delgada. A pesar de mis intentos, no logro levantarme, es como si estuviese adherida al asiento; mis piernas se sienten pesadas, al igual que mis párpados, cada vez en más difícil mantener los ojos abiertos.
—Tienes cara de drogada... —su voz me devuelve del pequeño trance en el que había caído de pronto— El sargento me pidió que te llevara a su oficina, lo sé, también pienso que es un idiota insensato por no dejarte ir a casa en este estado. —sus palabras se oían cerca, pero a la vez muy lejos— Amber me estas preocupando, ¿me oyes? —balbuceé algo, mientras sus manos me sostenían, mas ni yo fui capaz de entenderme— Iré por uno de los médicos, no te muevas...—
—Estoy bien. —coordino con dificultad lo que quiero decir con lo que se arrastra por mis labios— Solo son los medicamentos haciendo efecto —mi garganta seca moldea mi voz, sonando rasposa y áspera.
—¿Estás segura? Puedo llevarte con los médicos y decirle al sargento que no te encuentras completamente bien.
—No es necesario, Mara. Solo debo terminar de despertarme. —trato de ponerme en pie sola, pero ella acompaña mis movimientos rigurosamente. Caminamos lado a lado hasta la puerta. El mundo gira rápido mientras yo me encuentro a destiempo, atrapada en una melodía ajena, difusa y mucho más espesa.
—Ten —una botella de agua llegó a mi mano, estamos frente a la oficina, pero ella aun no me suelta— buscaré un taxi para ti cuando salgas. ¿Necesitas algo más?
—¿Por qué tardan tanto? Creí haber pedido eficiencia.
—Disculpe, sargento —le sonrío a Mara en agradecimiento y atravieso la puerta lo más rápido posible.
Dentro un hombre está sentado cara a la mesa, ojeando unos papeles que no logro identificar. No se inmuta con mi presencia, de espaldas a mí, lo único que puede observar es su cabello claro y postura rígida.
—Amber, siéntate, es normal que te sientas adormecida, —nos sentamos junto a la ventana, él observa minuciosamente mi férula y noto como estira su mano, mas esta queda suspendida en el aire unos segundos antes de devolverla a su lugar— Dame eso —toma la botella de mis manos y la abre— ¿Necesitas ayuda o...? —
—Puedo hacerlo sola. —murmuro arrebatándosela.
Bebo despacio, bajo su atenta mirada. El agua fría corre por mi garganta, despertando mis sentidos a su paso. El silencio solo era interrumpido por el vaivén de las hojas en aquellas manos desconocidas, pero parece que soy la única que lo nota— ¿Quién es él? —inquiero sin mirar al hombre a mi lado. Sé que el rubio nos oye, pero no da señales de querer participar en la conversación.
—Es un buen amigo, también es del medio. —lo suponía— Sé que debí mandarte a casa por tus lesiones, pero al igual que con Stewart, considero que podrían estar en peligro, lo que ocurrió allá fue revelador. Hay gente importante cubriendo algo de este caso, por eso te mantuve aquí, —siento su proximidad, giro y la tormenta de arena en sus ojos amenaza con hacerme cautiva, su voz baja un par de decibeles y suavemente acaricia mi mejilla con el dorso de sus dedos— Aquí puedo protegerte.
—Erick —inicio, pero sus dedos son reemplazados por su palma en mi mejilla.
—Shh... —se acercó despacio, como si temiese dañarme y casi tembloroso posó un beso en la comisura de mis labios. Fue un roce cálido, perenne y plagado de disculpas acalladas y promesas no dichas.
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La Sombra De Tu Presencia
Misteri / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
