CAPÍTULO 42

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Otra vez aquí

Vuelvo a estar aquí: luces blancas, palabras robotizadas y gestos de fingida amabilidad. La historia parece burlarse de mí. El sinsabor que dejó la noche persiste incluso bajo la luz del día más brillante. Líneas amarrillas se colaban entre las livianas cortinas.

Y aunque el déjà vu insistía en convencerme que había caído en un bucle, el sentimiento no era el mismo. Cuando desperté noches atrás, una sensación fría y desolada había resurgido desde lo más profundo de mi interior. Hoy, en cambio, siento una extraña determinación. Negar que la confusión me acompaña sería mendaz, pero esta vez sé que esto me dirige a caminos que alguien no quiere que recorra. Sé que me acerco... y no pienso detenerme.

La diferencia es simple: antes desperté perdida, hoy lo hago buscando

La puerta vuelve a abrirse, dirijo mi mirada; sin embargo, estoy obligada a descender. Una silla de ruedas vacía es empujada por un enfermero, de nuevo, en su rostro pude leer el cansancio, el hastío y las pocas ganas de continuar su turno, pese a lo anterior, me ofreció una sonrisa a boca cerrada.

—La doctora dijo que ya es posible visitar a su amigo. Lo iba a hacer ella personalmente, pero tuvo que recibir a no sé quién. —No era muy complejo notar su desinterés, pero resultaba gracioso verlo esforzarse para disimularlo. —¿Puedes levantarte sola o necesitas que te ayude?

—Puedo hacerlo sola. —declaro, apoyo la mano buena sobre la cama para elevarme y sin mucha finura me dejo caer en la silla. —¿Sabes dónde está el hombre que...?

—¿El policía sexy con cara de haber peleado con Rocky? —pregunta sin detener ninguno de sus ensayados movimientos. No puedo evitar reírme ante lo absurdo. Cuando termina de enganchar el suero en la silla, se gira hacia mí con una ceja encarnada— Creí que era ese. Es del único que hablan.

—Sí, creo que sí es ese. —murmuro, reprimiendo una sonrisita.

—Bueno, a él lo vi afuera de tu cuarto discutiendo con alguien al teléfono, sonaba intenso. Luego, no se para dónde se fue —sin dejar de avanzar, hacia mil cosas a la vez, saludó a dos señoras transportadas en el mismo vehículo que yo, vociferando insinuaciones.

Mi pulso se dispara. No estoy segura si por la mención de Erick o por el escalofrío que recorría mi cuerpo ante la imagen que se instaló en mi cabeza.

—Calla, niño, mi esposo debe estar por ahí. —resoplaba la última con las orejas rojas. —No olvides traerme más pastel, ayer quedé con mucha hambre.

Al estar de espaldas, no vi que hizo, pero causó una oleada de carcajadas entre los presentes. Para tener la cara que tiene, es bastante sociable.

—¿Te puedo preguntar otra cosa, Mateo? —repito el nombre dicho por sus compañeros, aunque en mí suene disparejo.

—Solo te daré más información a cambio de algo...—rechinó desde atrás, dándome una vuelta que logró marearme por unos instantes— ¿qué fue lo que pasó anoche? Me lo perdí por estar peleando con el de la 402.

—Anoche, estábamos tratando de descansar en el estacionamiento del hospital y alguien nos atacó. —expreso rascando mi cuello— No sé mucho más.

—Uno ve en la películas y series que en los hospitales pasa de todo, pero en este, lo más interesante que pasa es que Don Rogelio nos insulte porque no lo queremos dar pastillas para dormir— apunta riéndose entre dientes—. y esos también tiene rato que no pasa, ya consiguió novia y ya no le conviene dormir.

Su carcajada termina por contagiarme, nada encaja en él, su tez bronceada y cabello pulidamente peinado, contrastan con su actitud desenfrenada, que al mismo tiempo choca con su bajo estado de ánimo y cúmulo de lasitud.

La Sombra De Tu PresenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora