No confíes en nadie
Suspiro por enésima vez.
Las cortinas gruesas esconden nuestras manos entrelazadas y los actos enumerados esconderán el talón que se haya debilitado.
Su mano guía mi mentón al encuentro, donde ojos me observan con detenimiento y diviso el miedo escondido en ellos. Acaricia mi mejilla, resbalando hasta mi cuello, dibuja en el, líneas oscilantes que culminan en mi cabello.
Nunca creí verlo así, su pierna subía y bajaba en frenesí; después de contarme todo lo ocurrido en mi ausencia e incluso antes de ella, nada encajaba en mi cabeza y aunque él esperaba una respuesta, mi garganta cerrada se encuentra.
Nombres se repiten en mi mente, zarandeándome fuerte y dudo, dudo si aquel era el momento idóneo para sincerarme, aunque detallando su rostro preocupado, prefiero optar por el silencio en el que me contengo vacilando.
—Por eso no quería que vinieras o que alguien de aquí te contactara. —sus palabras no flotan, caen rápido al suelo, donde permanecen inertes.
Sus manos acunan las mías, están heladas. El ansia en su cuerpo se hace evidente con el pasar de los minutos, toda emoción parece estar luchando por salir a la superficie, tal como el globo que pretendes hundir en una piscina; no hay poderío que lo detenga, solo tercos que vuelven y lo intentan.
El gran problema de la insistencia, es que no solo pesa, cuando estalla lo hace con fuerza y es bien sabido que un globo reventado no se puede enmendar, así como el golpe que se hace al cristal.
—Dime algo... —murmura impaciente.
—¿Por qué crees que lo hizo? —pregunto, levantándome de un salto— ¿Por qué te diría que tienes un topo en tus líneas?
—Quienes entraron a esta unidad son detectives consagrados, personas que mantuvieron estatus como funcionarios. Quien mete alguien aquí, tiene mucho poder. —Permanece sentado, pero sin lucir nada cómodo.
—¿Una amenaza?
—Lo más probable. —pasa su palma por la frente, dejándola allí unos segundos.
—Pero... ¿por qué ahora? —sopeso peligros, trato de conectar hilos que quedaron sueltos, historias que quedaron inconclusas y dos ocupan mi mente— ¿Existe la posibilidad que tu novia esté involucrada en esto?
Desconcierto hallo en su mueca— Jasper dijo que se encargaría. —permanecemos callados— ¿Crees que ella está detrás de tu ataque?
—No lo sé —después de pensarlo por unos segundos respondo. No puedo negar que estuvo en mi mente su rostro durante la noche, pero no es algo que pueda asegurar.
Erick se apresura a tomar su móvil marcando rápido, yo lo imito, para responder mensajes esperados de Justin que seguro aguarda impaciente; mientras busco las palabras correctas para darle a conocer mi estado, una llamada interrumpe la oración y el número desconocido, atrae el frío a mis huesos.
—¿Si? —titubeo, pero, aun así, contesto, una respiración agitada golpea el micrófono— ¿Quién habla? —rebusco entre el poco valor que me queda y ansiando detener el temblor en mis manos, no noto la atención de Erick sobre mí hasta que lo tengo delante con las cejas unidas.
—Am-ber, tienes que... cui-darte. Perdóname. —Creo reconocer su voz, pero la dificultad con la que habla le impide gesticular con claridad, sin desmoronar ese sentimiento de familiaridad.
—No me pidas perdón. —sentencio, jugando con fuego— ¿De qué debo cuidarme? —Tos seca interrumpe mis palabras.
—No debí involucrarte en esto..., esa gente es peligrosa —solloza— Perdóname.
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La Sombra De Tu Presencia
Mystery / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
