CAPÍTULO 27

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Curada
Tal como lo predije, hoy es un precioso día soleado.

Como me sienta en este instante no tiene relevancia.

Disfruto del rayo durado que enceguece mis ojos mientras preparo el desayuno, oyendo una de mis canciones favoritas en mis audífonos, no quiero despertar a Regina, aunque todo esfuerzo resulta inútil, su bostezo sobrepasa el sonido de la música y estoy tentada a sonreír, pero me abstengo.

—Buenos días. —saludo, terminando de servir los huevos en mi plato —Ya está todo listo, siéntate.

—Huele bien. —comenta ella por lo bajito, arrastrando los pies hasta la silla.

—Para ti, todo lo que es comida huele bien. —comienzo a comer, mirando el reloj en mi móvil.

Tengo clase a las diez, aún son las siete, tengo tiempo para comprar algunas cosas que ya se acabaron, soy incapaz de sobrevivir sin pan y huevos y justo nos estamos comiendo los últimos. Si me apuro un poco, quizá pueda adelantar el trabajo que mandó el señor Reynolds ayer por la tarde, pero entonces debería...

—Amber, no te vayas. —Regina sostiene mi brazo con cierta urgencia, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.

—¿Qué pasa?

—Yo... lo siento, ¿sí? De verdad no quiero que estemos molestas, lo que te dije ayer, fue... es lo que pienso, sí, pero también puedo estar equivocada. Solo quería ayudar —Creo que mi silencio aumentó sus nervios— ¿estas molesta?

—No, claro que no. Sé que tu intención era ayudarme.

—Entonces, ¿estamos bien? —pregunta insegura.

—Sí, estamos bien. —sonrío al verla suspirar aliviada— Voy al super, ¿quieres acompañarme?

—Claro, solo dame un momento y ¡¿Son las seis y cincuenta?! —rio por su reacción y la veo caminar con pesadez hasta el baño, resoplando algo sobre que a esta hora hasta los pájaros estaban durmiendo.

Aunque contra todo pronóstico, no pasaron ni veinte minutos cuando salió del baño con el cabello mojado, pero lista para irnos —Me tranquiliza haber arreglado las cosas contigo, pero realmente creo que levantarme a esta hora hace parte de tu macabra venganza.

—Yo no te desperté, tenía pensado dejarte el desayuno hecho e ir a comprar. —corroborando que llevo efectivo conmigo, partimos.

—Eres perfectamente consciente que el olor a comida es capaz de despertarme del sueño más profundo —acusa señalándome con el dedo índice al tiempo que yo presionaba el botón del primer piso dentro del ascensor.

Saludamos juntas al vigilante de turno y nos pusimos en marcha.

—Sabes, —sin poder contener su parlanchín ser, comienza a hablar— ayer estaba intentado recordar todas las frases y concejos de los videos de acompañamiento emocional que he visto, pero creo que al final estaba delirando, supongo que esa última cerveza enredó mi razón. —apunta distraída al tiempo que cruzábamos una calle.

—¿Cómo? ¿Estabas tomando ayer? —confundida pregunto, a la vez que detengo sus pasos con rapidez— Mira a los dos lados antes de cruzar las calles.

—Suenas como mi mamá. —pone sus ojos en blanco, pero espera mi señal para pasar de acera— Y sí, obviamente estaba tomando, la única que no ahoga sus decepciones amorosas en alcohol eres tú.

Pude ver como abrió los ojos tras soltar ese ultimo comentario, mas fingí no haberlo oído. —Yo no tengo cerveza en el apartamento y tu no saliste ayer, ¿cómo...? Ah, ya, Sergio te las llevó.

La Sombra De Tu PresenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora