Mentes desesperadas
Creo que he perdido la razón.
Estamos en una oficia desconocida para mis ojos, seguíamos en el hospital, pero ahora en una zona mucho más administrativa.
Aquel hombre del que hui meses atrás volvía a recorrerme con la mirada, esa misma que alguna vez convirtió mis noches en un campo minado de pesadillas. No decía nada. No lo necesitaba. Bastaba la curva apenas visible de su sonrisa para que el aire se volviera espeso.
Gozaba del miedo que me causaba. Siempre lo hizo.
Años atrás, ninguna de nosotras se atrevió a desafiarlo abiertamente. No después de escuchar sus amenazas susurradas con la calma de quien sabe tener poder sobre cualquiera. Lo intenté, de verdad lo hice, pero al día siguiente me esperaba una citación por insubordinación y "faltas al reglamento". El alcaide García tenía contactos suficientes para destruir la carrera de quien siquiera osara pronunciar su nombre con desdén.
Ahora lo tengo frente a mí, tan intacto como mis recuerdos.
Siento que mi cuerpo me traiciona. Las manos me tiemblan y un zumbido ensordece mis oídos. No sé si tiemblo por miedo o por ira. Tal vez, para este momento ambas cosas sean ya lo mismo.
Los tres compartíamos el mismo aire, pero tratando de hacer relucir lo que queda de mi dignidad, me niego a mirar a Erick. No quiero. Porque temo que, si lo hago, el dolor de mi pecho se multiplique, y eso es algo que no puedo permitirme ahora. No cuando confié en él, cuando creí que me entendía, que podía y quería protegerme de lo que nunca quise volver a enfrentar. Pero ahora, aquí, todo se siente como una traición cuidadosamente ensayada.
Y García, solo se dedica a observa desde su trono invisible el desastre en el que se han convertido mis gestos, disfrutando de cada grieta en mi máscara vieja.
—¡Buenos días! Disculpen la demora, no se me había informado de la presencia de personas tan importantes en el hospital. —Un hombre bajito con voz melosa entra la oficina con mucha soltura, vistiendo un traje oscuro y una corbata tan desagradable como su entusiasmo. Todos parecen saber qué está pasando... menos yo.
—No tiene que disculparse. Disfrutamos mucho del tiempo. —responde García con una falsa amabilidad que pica la piel—. ¿No lo cree, sargento?
Erick no responde. Solo deja escapar un suspiro que, para García, resulta suficiente para saborearlo como victoria y es un recordatorio capaz para oprimirme un poquito más.
—Bueno, señor alcaide, yo soy el director científico del hospital ¿en qué puedo ayudarlos? —pregunta el hombre de la corbata, ubicándose al frente. Alterna su mirada entre todos los presentes deteniéndose unos segundos en mí— Espero que la hayan atendido muy bien.
No había mucha hospitalidad o genuina interrogante es sus palabras, solo era una frase calculada a sonrisa cerrada— Temo que su personal médico no es el problema, sino su seguridad. —repongo desquitando mi cólera con el menos responsable de ella.
—Nuestra seguridad es lo mejor que nos ofrece el estado. Nos estábamos esforzando, pero ciertamente no tenemos habilitado un motel en el parqueadero. —con esa sonrisa que no llega a los ojos pasa de mí lleno de altivez.
—Aun así, debe haber mucho más personal vigilando. —en un intento poco sutil, Erick trata de defenderme, cruzándose de brazos.
—Oh, ¿de verdad querías que más personas estuvieran ahí anoche, sargento? —su voz era capaz de resonar en toda la habitación sin intentarlo realmente, capaz de hacerte sentir pequeño o indefenso.
No quiero estar aquí.
Desde que apareció, no entiendo ni la mitad de lo que ocurre a mi alrededor; todo luce confuso, difuminado, como si mis pensamientos estuvieran flotando fuera de mi cabeza. Aun así, él sigue hablando, cómodo, dueño del espacio.
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La Sombra De Tu Presencia
Mystery / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
