Un instante de calma
No recuerdo la última vez que estuve tanto tiempo acostada. Las personas se movían a mi alrededor robotizadas y nada me sincronizaba. Escuché algunas voces conocidas tras la puerta, mas nadie entro. Caras aburridas y batas blancas desfilaban uno tras otro por la habitación; el primero me trajo el resultado de la radiografía, explico que debía cuidar bastante mi esguince y sorpresivamente explicó la razón detrás de una leve molestia en mi costado, justo al irse un hombre mayor alargó una silla y se sentó frente a mí suspirando, moví los dedos tal cómo pidió y sin decir nada siguió su camino. La siguiente habló un poco más, pero solo se dedicó a palparme el cuello mientras preguntaba si me dolía al hablar o tragar.
En unas dos horas no había entrado nadie más, mis parpados pesaban y estaba a punto de rendirme cuando una mujer con aire demasiado tranquilo entró a paso despreocupado hasta sentarse cerca. Estudió mi expresión unos segundos antes de embozar una sonrisa pequeña y condescendiente.
—Soy Luisa Mesa, psicóloga en turno. Tengo entendido que más tarde vendrá alguien de la policía a hacerte preguntas. Sin embargo, me pareció prudente hablar contigo un momento. —supongo que esperaba alguna respuesta, no supe que decir así que solo asentí. Abrió una pequeña libreta marrón y de inmediato mi curiosidad quiso saltar por su contenido.— ¿Cómo estás?
—Bien. —tan básica como aquella pregunta, mi respuesta flotó entre nosotras con gracia. Sus cejas se unieron con confusión— estoy un poco adolorida. Es todo.
—¿Qué hiciste en la mañana de ayer?
Miré mis manos pensando— Fue una mañana habitual, mi amiga dejó el desayuno listo para mí y estuve leyendo hasta que regresó del trabajo.
—¿Sola? —asentí— ¿qué ocurrió después de eso? —mi mentira pasó desapercibida.
—Nos arreglamos para salir, yo no tenía mucho ánimo, pero... no quería empañar el momento de mis amigos..., aunque pensándolo bien, debí quedarme en casa si esa era mi intención. —susurré aquello último sin preocuparme si ella pudiera escucharlo, la observé moverse incómoda en la silla, antes de centrarse otra vez.
—¿Por qué no querías salir?
No respondí... jugué con mis dedos sobre mi estómago. No le mencionaría el miedo que oprime mi pecho, esa sensación de estar siendo observada todo momento, esa paranoia que no tomaba descanso por más que pasara el tiempo.
No le diría que he estado podando las interacciones con personas que amo. Como he privado a muchos de mi presencia, entregándoles sombras que prometen entretenerlos mientras cazo a el monstruo que me acecha. Temo hablarles de él y que piensen que me volví loca.
—¿Amber? —vuelvo en sí— ¿desde cuándo te sientes así? —Confundida, pregunté ¿Cómo? y ella solo repitió: Así.
—Desde hace un tiempo... —estudié mis palabras antes de continuar— tal vez es paranoia o estrés. Me siento perseguida, debe haber un síndrome para eso.
—¿Haz notado algo fuera de lo normal? —ya no anota nada en su libreta, es más, la cierra dejado el bolígrafo atrapado en su interior.
—No, claro que no. —me estiro en la cama, tratando de parecer sincera.
—¿Sentiste eso ayer? —mis hombros se tensaron enseguida. No sé si logré disimularlo a tiempo. Sus ojos me escrudiñan, temo que vea más allá de lo que quiero mostrar.
—No estaba de ánimo para salir, quería irme así que estaba un poco aburrida. Por eso no subí a la atracción con mis amigos, por eso me quedé sola... —sin notar su movimiento, su mano se posa en la camilla. El aroma dulce sale danzante de su bata gris, tan bruco que logra arrugar mi nariz.
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La Sombra De Tu Presencia
Mystery / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
