Disculpas y sospechas
El tic tac constante decoraba el ambiente con impaciencia. No había susurro que lograra escabullirse del estricto control del docente frente a nosotros. Quedaban al menos, unos veinte minutos para que acabara el tiempo establecido del parcial.
Aún tenía respuestas en blanco, pero mi cabeza se negaba a recordar todo aquello que repasé antes de entrar. Supongo que no puedo exigirle más, cuando hace un esfuerzo enorme para mantenerme despierta tras pasar toda la noche en vela.
Nadie me advirtió sobre los peligros de creer en quienes me rodean. Ya he sido decepcionada por alguien a quien le entregué mis convicciones, ¿por qué sigo creyendo que las cosas cambiaran? ¿Por qué me aferro a la mundana idea de que el ser humano es incapaz de convivir en sociedad sin que la confianza este presente?
La confianza no es más que un salto de fe, uno que trasciende la racionalidad presente en cada uno de nosotros y simplemente, te hace creer en un incierto; en un acto tan insensato como valiente, te hace débil, ante este mundo insensible.
—Entreguen las hojas. —dichas palabras me dejan desconcertada— El tiempo acabó.
La parte de la| historia donde todo lo bonito se desmorona, parece volver a empezar, creí que, para mí, ésta ya había encontrado un curso nuevo que recorrer, pero erróneas eran mis suposiciones, solo me habían dejado un momento para hacerme creer que todo estaría bien de una vez por todas y así al llegar el día de ayer, reírse de mi rostro lleno de incredulidad.
—Soy Tamy Snyder, la novia de este maleducado.
Su odiosamente perfecta voz, se repetía una y otra vez, diciendo lo mismo en una melodía eternamente tortuosa.
Me es costoso recordar aquella escusa poco creíble que mencioné con dificultad, lo único que tenía claro en dicho instante era el gigante deseo de marcharme. Erick quiso detenerme, pero su ridículo esfuerzo fue interceptado con éxito por Justin. Mis sentidos no lograron escuchar lo que se dijeron, pero en cuestión de unos instantes, el rubio estaba de nuevo junto a mi abriendo la puerta del coche y segundos más tarde, las ruedes giraban frenéticas sobre el oscuro asfalto.
—Señorita Campell, ¿se encuentra bien? —la voz del profesor Reynolds notaba su preocupación. Y tal parece que el silencio tras su incógnita solo creó más expectación.
—Sí, señor. —no dije más. era la primera vez que se dirigía a mí después de los rumores que nos involucraban.
—Sabes que si necesitas algo puedes decirme, ¿verdad? —algo o en realidad, todo de ese dialogo me recordaba cómo era nuestra relación antes que todo perdiera sentido en mi vida— Sé que no hemos hablado mucho estos meses, —asiento confundida por el rumbo de aquella conversación— pero, de verdad me gustaría saber cómo te van las cosas, supe que Mara al final del día pudo ingresar, veo que valieron la pena cada carta y visita que hizo a las directivas. —Mi ceño fruncido lo insto a continuar— ¿quieres pasar a tomar una taza de café a mi oficina?
Negué rápidamente, ya los rumores habían perdido fuerza no iba a ser yo quien los avivara de nuevo.
—Tienes razón, vamos a sala de profesores, estaremos rodeados de personas un poco más maduras, ¿estás de acuerdo? —solté un suspiro y accedí. Lo cierto es que extrañaba escuchar los consejos de mi profesor favorito y tal vez, quiera confesarme.
La taza de café, terminó convertida en una amplia conversación llena de relatos, sorpresas y consejos tan éticos como poco éticos. Cuando ya llevábamos una hora hablando y se servía su tercera taza cambia su expresión relajada y carraspea con incomodidad.
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La Sombra De Tu Presencia
Mystery / ThrillerAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
