CAPÍTULO 35

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Primera herida en batalla II

Acaricio mi mano en un intento disimulado de ocultar la creciente molestia que se dibuja alrededor de mis nudillos centrales, líneas oscilantes y rojizas diviso mientras se asoman sin prisa, tan desordenadas como aquella ola en el mar que se rompe en sus ganas de sobrepasar el límite.

Estoy en el baño, necesito algunos instantes para entender lo que ocurrió es esos últimos parpadeos. No noté la superficialidad de mi respiración, hasta que me permití volver a hacerlo con normalidad, me estaba ahogando y simplemente no me daba cuenta.

Toquecitos interrumpieron mi conversación con el espejo, no existió tal cosa como la espera, Erick irrumpió el lugar, llegando a mi lado con rapidez.

-¿Acaso este no es el único baño de mujeres en todo el centro? -enfatizo dando un paso atrás; sin embargo, él no concede tal lejanía y vuelve a acercarse.

-Tardabas demasiado. -sus ojos recorren mi rostro, como si buscara algo entre las grietas que decoran mi máscara del día- Lo que ocurrió allá dentro fue muy complejo y debemos analizarlo apenas lleguemos a la agencia, pero antes de todo eso, necesito escucharte decir que estás bien.

-Sí... lo estoy, solo que, no entiendo mucho de lo que ocurrió allá dentro. Franco dijo cosas que no tienen sentido o al menos, no tienen relación con los informes. -sus manos acunan las mías, no lo aparto, sé que aún hay cólera quemando nuestros recuerdos en mi interior, pero mi cabeza está tan enredada que su compañía es la única capaz de contener mi sentir.

-No tenemos mucho tiempo, Amber, debemos irnos ya. Te prometo que estaré a tu lado en todo esto y te ayudaré a aclarar todas esas dudas que tienes. -asiente un par de veces hasta que lo imito suspirando.

Solo hasta que la mitad de mi cuerpo está por salir del tocador es que nuestras manos se separan. La primera imagen que me recibe es el rostro de Anthony lleno de abolladuras, parte de su pómulo estaba inflamado al igual que una de sus cejas, mis ojos se abrieron con sorpresa, mientras en los suyos solo hallé hastío.

Erick no quiso esperar más, con voz profunda indicó que Dení ya nos estaba esperando en el auto y en la agencia estaría equipo médico listo para atendernos. Nuestros pasos adornaban el espacio huérfano. El viento helado golpea mi rostro, mas nada detuvo nuestra salida, las miradas estaban llenas de curiosidad, pero nadie medió palabras.

La mueca de sorpresa del detective cuando vio el rostro de Anthony no pudo ser contenida ni disimulada- ¿Sargento, vamos a la agencia o...?

-Directo a la agencia. -responde sin despegar los ojos de los guardias que nos rodean

- Oficial, ocupe el asiento de copiloto -sentencia al verlo dirigirse hacia una de las puertas traseras- No fue una sugerencia. -replica al verlo vacilar.

El aire era tan denso como en el interrogatorio. Comparto con Dení miradas incomodas, sin entender del todo que estaba ocurriendo. Con cada segundo que pasaba sentía como cualquier movimiento en falso podría ocasionar que los uniformados abrieran fuego y la discusión sin sentido que se disputaba solo nos convertía en blancos muy fáciles.

-Vámonos de una buena vez. -murmuro intranquila, deslizándome dentro del vehículo. Dení fue el primero en seguirme y tras cruzar otra mirada chispada cada uno tomó asiento.

El motor ruge, en mi mano ya no se encuentran solo líneas oscilantes, ahora el rojo y morado son los colores dominantes y lo que comenzó siendo un hormigueo, ahora es un dolor punzante que sube hasta la muñeca sin problema.

-Se está empezando a inflamar... -con el ceño hundido, susurra a mi lado, entornando su mirada como si de alguna forma buscara la manera de curarme. Mi alarma mental se disparó cuando estiró su brazo para tomar mi antebrazo, esquivé su tacto, mientras ojeaba hacia adelante, rogando que no se hubiesen dado cuenta de nada.- Necesito que mantengas la mano elevada, Amber -Para ese instante, su ceño adusto se había convertido en una mueca de disgusto; su ceja encarnada, cuestionaba mi accionar y yo solo podía pensar en su descarada forma de actuar, a pesar de ello, obedecí, acercándome a la puerta, en un intento poco ingenioso de crear distancia entre nosotros.

La Sombra De Tu PresenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora