CAPÍTULO 47

32 1 6
                                        

El eslabón

Ha sido suficiente, demasiada espera.

Necesito moverme y cuando la sombra desapareció debajo de la puerta supe que era el momento. Tras lo acontecido anoche, García ordenó vigilancia y restricción para esta oficina. No había sido complejo identificar el patrón en cada cambio y con la cuerda floja, busco el punto correcto fallando los primeros minutos. Enfocando en resto de mi energía en no desesperarme, logro encontrar la forma de liberar, al menos, una de mis manos de la silla.

Separo la mayor parte de mi cuerpo, buscando la mejor postura para ver el nudo que me apresa, pero el sonido del seguro cediendo, enciende todas mis alertas. Vuelvo a sentarme de prisa, controlando el movimiento de mi pecho inquieto.

Apenas entra noto que su nombre ha escapado de mi mente, aunque pensándolo bien creo que nunca entró de verdad. El director científico del hospital, me dedicó una mirada que no supe descifrar, tan intensa que incomodaba.

Noto el leve temblor de sus manos, trata de disimularlo jugueteando con un mazo de llaves absurdamente lleno. El recelo aumenta junto a los minutos de silencio entre nosotros. Elevo una de mis cejas al ver que no planea decir nada, repaso repetidamente la puerta. No recuerdo que la cerrara. La ventana de tiempo entre los cambios de vigilancia no es eterno.

—¿Necesitas que te ayude en algo? —cuestiono impaciente.

—De verdad no le tienes miedo. —No era una pregunta. Su mueca era extraña, sus palabras aún más. Aquella afirmación me contemplaba desde un lugar oscuro.

Mis manos se movieron solas, sin importarme que él se diera cuenta de lo que hacía. En contraste, mi mente no va a la misma velocidad. Si fallaba, no habría una segunda oportunidad, hay un eco de vacilación que me fastidia, pero cuando la libertad me susurró al oído, fue igual que una avalancha de nieve violenta.

Rápido, cubrí en espacio que nos separaba. En blanco, hallé su rostro carente de cualquier emoción, casi como si lo esperara. Seco sonó el impacto de mis nudillos contra el puente de su nariz.

Me cuadré con toda la seguridad que la enseñanza me ayudó a reunir y el resultado fue el esperado. Sin embargo, la inexistente resistencia de su parte deposita un sinsabor en mi boca. No retrocedió. No gritó. Solo me miró como si ya supiera lo que iba a pasar. Mi corazón palpitaba muy rápido, las paredes respiraban por mí.

Observo su cuerpo tendido en el piso, sus gimoteos e insultos acallados por la desorientación. Abro y cierro mi mano alejando la molestia que despertaba de mis nudillos. Me agacho cautelosa, una patada en la cara podría inhabilitarme sin mucho esfuerzo. Se remueve incomodo, rodando sin cesar.

Saco el pañuelo que tenía resguardado en el bolsillo de su americana y lo coloco entre sus manos, presionando. No supe si lo hacía por él o por mí. No me detuve a averiguarlo. Sin tardar mucho más y con mis pensamientos chocando entre sí, tomo las llaves que tras su caída terminaron debajo de la mesa.

A pesar que esto se siente mal, no puedo detenerme. Cautelosa, ojeo fuera de la oficina en busca de algún impedimento, mas el alivio se presenta ante mí en forma de corriente de aire que golpea mi mejilla animándome a salir.

Con paso ligero, reviso sobre mi hombro. De este lado, la puerta cerrada parecía inofensiva, aprieto las llaves contra mi abdomen, evitando que tintinen entre sí. Botas pesadas y apresuradas en mi dirección estuvieron a punto de sacarme el alma del cuerpo. Me escondo tras una de las columnas, sin perder visibilidad.

Joven, mucho más joven de lo que habría imaginado, toma puesto frente a la puerta. Con ojos cansados y cabello enmarañado, se limpiaba la barbilla y el pecho con torpeza, como el niño que oculta que ha robado galletas. Al quedar satisfecho, practica unas cuantas muecas de seriedad que resultan poco creíbles, adopta la última, uniendo las cejas exageradamente. No repasa el lugar, solo permanece inmóvil.

La Sombra De Tu PresenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora