CAPÍTULO 45

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Dispuesta a perder

Las reacciones debieron ser graciosas desde afuera, pero aquí dentro resultan complejas de digerir. Lo cierto es que no tuve tiempo de girar a los lados en busca de interpretación. Los ojos oscuros de Devora me dieron lo necesario para erizarme, para que mi respiración se quedara atorada en mi garganta y mi cabeza de vueltas hasta marearme.

Solo cuando el corazón amenazó con explotar, pude reaccionar.

—¿Por qué querrías eso? —me sentí estúpida nada más soltar aquella pregunta.

Con una ceja encarnada dio un paso hacia mí, cada vez luciendo más intimidante, más molesta, más indignada— ¿Qué tan grande es tu egocentrismo para creer que fuiste la única?

Un irritante zumbido resonaba en mi oído tras sus palabras y el calor que subía de mi estómago era cada vez más repugnante, más ácido, más espantoso— Yo no...

—No tenemos tiempo para esto. —su voz masculina eclipsó la densa burbuja en la que había terminado atrapada, y aunque la mujer colérica comenzaba a retroceder algo en su mirada me dejó saber que no había tenido suficiente— No me interesan tus motivaciones, solo necesito asegurarme que son suficientes para que no desaparezcas a último minuto. —sus palabras eran calculadas, casi técnicas; carecían de tanta emoción que al observarlo me resultó imposible no fruncir el ceño.

—Debes estar bromeando —su risa resonaba hueca, privada de cualquier euforia genuina. Cayó al suelo durante su pausa, del mismo modo que resurgió la rabia— Definitivamente debes estar bromeando —repitió, aún más airada— No te preocupes por mí. Yo si tengo palabra, cuando inicio algo, yo, sí lo acabo. Jamás me acobardaría a puertas de marcar una jodida diferencia. —el tono que pretendía ser relajado y condescendiente, terminó amargó— Si eso es lo que te preocupa, tal vez deberías revisar a tu lado.

Frío, solo eso siento al notar las afiladas miradas a mí dirigidas. Quiero echarme hacia atrás, pero choco con una de las máquinas, nada aparatoso, pero si lo suficientemente patético para ganarme un bufido de Devora.

—¿Te vas ya? No sé cómo lo logras, te abono eso, pero yo no espero nada de ti y, aun así, tú te las ingenias para sorprenderme. —como cuchillos puntiagudos, sus palabras se clavan desgarrando mi interior sin compasión.

—Ya basta. —Mara entra en escena con la cabeza gacha y así, sin mirarme aparta a Devora hasta el extremo más alejado de nosotros que permite la habitación.

En un simple acto reflejo desciendo mi mirada hasta mis manos, solo para verlas temblar, no es miedo, es impotencia en estado puro. Mi interior arde y ruge por reaccionar; sin embargo, mis piernas adheridas al piso, no dan ademan de movimiento. Tengo los labios secos y apretados en una dura línea que duele mantener.

Quiero gritar que se equivoca, que cambié, que ahora soy mucho más fuerte que antes. Deseo arrancarle esa mueca de soberbia. Decirle que debería conocer la historia completa, pero... yo conozco la historia completa y no puedo convencerme de que no tiene razón. Si me alejo de la furia, me veo.

Me veo pequeña, atrapada y horrorizada. Sin voluntad para seguir avanzando. Quizá me he estado mintiendo durante estos últimos meses. Haciéndome creer que hice lo que pude, lo que estaba a mi alcance, cuando es cierto que pude hace más. Pude insistir más, hablar más alto, y la realidad es que no lo hice.

Me rendí, renuncié.

—Amber. No puedes seguir haciendo esto. —sus manos sacudían mis hombros— Háblame.

—¿Qué haces de pie? Debes estar en reposo... —casi como había practicado durante muchos más meses de lo que admitiría jamás, mi mente hizo lo de siempre, ocuparse de algo que era mucho más sencillo de afrontar que mis propios pensamientos ahogándose en el mar. Es fácil desbordarse cuando vives tan cerca del cauce.

La Sombra De Tu PresenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora