Donde empieza el nosotros
Toda la habitación estaba envuelta en un silencio tenso y yo... yo solo orbitaba alrededor de Justin, acariciando sus manos y cara, con un dolor intenso agujereando la boca de mi estómago.
—Quédate quieta, Amber. —chilla Mara rascando su cuello— Me pones nerviosa. Ya te dijeron que está bien.
En ocasiones distintas a esta, yo sería quien diría esa frase, sentada tratando de buscar soluciones. Tratando de no verme débil o vulnerable. Escondiendo el miedo, pero justo ahora, no puedo pensar en nada de eso. Estoy negada a fingir. Mis manos tiemblan y aunque traté de detenerlas, la culpa zarandea mi cuerpo sin remordimiento.
—Perdóname... —susurro con torpeza sin mirarlo.
—¿Por qué te disculpas? —mientras niega, peina con suavidad mi cabello, poco me había importado mi aspecto y la idea de verme en un espejo se antojaba espeluznante— Mírame, Amber.
—No debí meterte en nada de esto. —expongo en un tono más alto del previsto— Yo fui quien insistió una y otra vez en lo mismo y ahora tu... es mi culpa que estés así... No te hice caso cuando me advertiste sobre Erick y, no puedo hacer nada para ayudarte o simplemente para salir de aquí.
—Calma... Una cosa a la vez. —tomó mi mentón con ímpetu— Primero, nada de esto es tu culpa, yo estoy bastante grande como para saber lo que hago, tu no me arrastrarte a nada. Yo te seguí y siempre lo haré.
Sin aviso o real anticipación, lagrimas llenaron el cuadro en el que se había convertido mi rostro. Todo se movía borroso y esconderme en la curva de su cuello se sintió como la mejor decisión. Poco pensé en sus golpes, él tampoco hizo señal de querer apartarme. No estuvimos así mucho tiempo; sin embargo, fue el suficiente para brindarme el ápice de fuerza que me insto a separarme.
—No tenemos mucho tiempo. —soltando esas frases que no ayudan en nada, mas en ocasiones son las únicas que nos salvan de ahogarnos en un vaso con agua— Necesito un norte. —Y aunque en esta oportunidad aquel vaso era de magnitudes alarmantes, nada es tan grande cuando le agregas perspectiva.
O eso quiero creer.
—Necesitamos apoyo —murmuró Justin al cabo de unos minutos de silencio.
—No sé si con apoyo se refieren a gente con armas y todo eso, pero yo puedo ayudarlos en lo que necesiten —Una pizca de culpa y vergüenza se apoderó de mi cuerpo al escucharlo. Había olvidado por completo que Mateo seguía con nosotros, junto a la ventana, ahora cerrada, vigilando que nadie viniera— O no, me iré cuando ustedes digan —algo intimidado por nuestras miradas intensas perdió la valía previa, pegándose más a la pared.
—No debes sentirte comprometido de ninguna forma, entendemos si deseas retirarte. Aunque tu ayuda podría ser muy útil. —en ese tono que en mi cabeza había bautizado como voz de policía, Justin se expresa desde la cama, luciendo, aun con los golpes y vendas, seguro e intimidante.
—No deberías quedarte, Mateo —sentencio firme, caminando hasta él— Si pudiera alejar a las personas que amo de todo esto, lo haría sin pesarlo. No permitiré que pongas en riesgo tu trabajo por... esto. No es justo para ti. —frente a él, tomo sus manos— Me has ayudado mucho, gracias... lo que has hecho por mí y por nosotros hasta ahora, es más que suficiente.
—Ella tiene razón. —ante su mirada dubitativa, Mara a mi lado suspira como si aquella situación perturbara su apretada agenda— Aunque, nunca está de más tener una carnada.
Mientras ella suelta su risita, los demás la juzgamos en silencio.
Mateo termina considerando mis palabras y decide irse, prometiendo que estará disponible por cualquier eventualidad. Y ante la ausencia de teléfonos por la mayor parte del grupo, se ve obligado a compartir su número de contacto con Mara.
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La Sombra De Tu Presencia
Misterio / SuspensoAmber Campell es una joven estudiante de criminología apasionada por la mente y comportamiento humano. Su universidad en convenio con una agencia de seguridad privada, crean un programa de prácticas para sus estudiantes más destacados, con el fin de...
