En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
Un pitido junto a mi oreja me hizo levantarme de un salto. Con la respiración acelerada y la vista borrosa, miré toda mi habitación. Estaba igual que cuando caí inconsciente. Solo que ahora era de noche.
Sentí mi cuerpo sudoroso y agitado. Estaba segura de que me iba a dar una infección espantosa.
El pitido volvió a sonar, asustándome, y vi mi teléfono vibrar a mi lado. Era Scott, pero la llamada se colgó antes de que pudiera contestar. Revisé mi buzón de mensajes y vi uno de Stiles. No decía nada, solo era su ubicación. Al parecer, estaba en un taller mecánico a unos minutos de acá.
Me levanté confundida y tomé mis cosas para salir rápidamente en esa dirección. Apuré mi paso para llegar lo más rápido que pude. A tan solo una cuadra, pude ver las ambulancias y las patrullas. Mi corazón dio un vuelco.
Corrí con lo que mis pulmones me permitieron y vi cómo subían un cadáver a una ambulancia. Detuve mis pasos en seco. Mi corazón se detuvo.
—¡Sidney! —me di la vuelta para ver a Stilinski acercándose con expresión preocupada. Solté todo el aire que inconscientemente había aguantado.
—Mierda, pensé que... —hice una mueca —Nada.
—Scott ya está acá, vamos— me tomó por la muñeca y me llevó al auto. Él se subió en el asiento de copiloto y yo atrás.
—¿Melissa te prestó el auto? —Scott me miró por el retrovisor.
—Algo así —rodé los ojos —¿Estás bien? —se dirigió a su amigo.
—Sí. Tenías razón, no es como tú —fruncí el ceño. Imaginaba que estaba hablando de la nueva criatura que andaba suelta.
—Espera, Stiles ¿Lo viste?
—Vi cómo asesinaba al mecánico —cubrí mi boca ante la sorpresa —Sus ojos son como los de un reptil, pero hay algo más —su voz sonaba asustada.
—¿A qué te refieres?
—Como cuando ves a un amigo con una máscara y solo puedes ver sus ojos. Sientes que lo conoces, pero no sabes de quién son.
—¿Sabes quién es? —preguntamos Scott y yo a la vez.
—No, pero creo que me reconoció.
—Siento que hayas visto eso —Stiles volteó a verme con el ceño fruncido, pero su expresión se relajó al ver mis ojos. Supongo que notó que lo decía en serio. Por más de que tuviéramos nuestros malos momentos, jamás le desearía presenciar una muerte.