En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
—¡Buenos días, familia! —descendí las escaleras con el ánimo en lo alto a pesar de haber dormido solo cuatro horas. Estaba emocionada por volver a la escuela. Sé que suena extraño, ya que todo el mundo odiaba ese lugar, pero yo lograba disfrutarlo.
—Buenos días, querida —Melissa se acercó y me abrazó con fuerza, a lo que correspondí con alegría—. Estás tan hermosa y tan alta. ¿Con qué te han alimentado allá? —me reí.
—Te sorprenderías —dije sarcásticamente y me senté junto a Scott para disfrutar de unos buenos pancakes con frutas.
Los tres charlamos un rato sobre el hospital, la escuela y lo que había conocido estando en Ámsterdam hasta que la alarma en mi teléfono comenzó a sonar. Rápidamente subí a la habitación para ducharme y arreglarme. Había comprado bastante ropa en Alemania, así que tendría para estrenar por lo menos una semana.
Cuando estuve lista, me cepillé los dientes y escuché una bocina sonar fuera de la casa.
Bajé con mi maleta junto a Scott.
—¿Quién es? —pregunté curiosa.
—Stiles. Siempre me lleva a la escuela —el castaño salió por la puerta y yo hice una mueca antes de salir. No era la primera persona que deseaba ver hoy.
—Hola, amigo —Stiles dejó caer su sonrisa al verme detrás de su mejor amigo—. Ah, ya volviste.
—También me alegra verte, Stilinski —dije con una cara seria. Me subí a los asientos traseros y Scott al de copiloto —Honestamente, a estas alturas creí que ya habías muerto, pero solo estás calvo— Stiles chasqueó la lengua, claramente irritado, pero sabía que si iniciábamos una pelea ahora, Scott nos dejaría botados en la calle.
El trayecto a la escuela estuve callada, dejando que los dos chicos hablaran de sus temas. Realmente no me interesaban las conversaciones que incluyeran a Stilinski. Me generaban violencia. Un poco.
Cuando finalmente llegamos, me bajé lo más rápido que pude del espantoso Jeep azul.
—Hasta luego, perdedores —pasé por el lado de ambos chicos entrando a la escuela. Mis dos opciones eran: quedarme con Scott y su secuaz o andar sola. ¿Y quién en su sano juicio querría andar cerca de Stiles? Realmente no tenía ningún problema en andar sola. Tendría más tiempo para reflexionar sobre mis decisiones de vida.
Entré por el pasillo con las miradas fijas en mí. De algún modo, me hacían sentir pequeña, pero yo sabía darme mi lugar e ignorar miradas indeseadas. Cuando era pequeña, llamaba mucho la atención, ya que mi sentido de la moda era terrible y a veces podía llegar a ser demasiado extrovertida. Cosa que la gente no disfruta cuando viene de una desconocida.