27. Cabeza en el juego

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—No lo puedo creer —dije caminando a paso rápido al Jeep.

—Sid...

—¡Cinco minutos, Stiles! ¡Cinco minutos te dejo a solas y dejas que Kate se lleve a Derek! —me subí al asiento de copiloto cerrando la puerta con fuerza.

—¡No es mi culpa que sea tan escurridiza! —encendió el auto.

—¡No lo debiste haber dejado solo en primer lugar! —comenzamos a andar.

—¿¡Qué más se suponía que hiciera?! No quería hablar con ninguno.

—¡Bueno eso no hubiera pasado si no le hubieran mentido sobre toda su familia muerta!

—¡Ese fue Scott!

—¡Pero tú lo alentaste! ¡Dios, cuando vas a empezar a tomar responsabilidad por tus acciones! —el auto se detuvo de golpe y los dos nos observamos en silencio.

La puerta trasera se abrió y Lydia entró quedando en medio de los dos.

—¿Qué demonios les pasó? —la voz de la peli fresa nos sacó de la pequeña discusión y yo volví mi vista a la ventana. Stiles volvió a arrancar el auto y nos dirigimos a la escuela en completo silencio.

Al llegar, no perdí ni un segundo y me bajé rápidamente corriendo en dirección al rugido de Scott que se escuchó fuertemente.

Subí las escaleras exteriores a toda prisa y salté, agarrándome de la estructura para balancearme y patear a una de las nuevas criaturas que acorralaba a Malia. Me transformé, lanzando un rugido de advertencia, y comenzamos a luchar.

A estas alturas, ya ni me molestaba en cuestionarme contra qué criatura estaríamos luchando ahora.

Hice todo lo posible por alejarlos de Scott, Malia y Kira, quienes yacían heridos en el suelo, hasta que llegó el pequeño Derek a ayudarme. Juntos nos las arreglamos para enfrentar a los otros dos sin salir heridos.

Uno de ellos me agarró de la camiseta y me estampó contra unos casilleros, pero lo alejé con una patada en el pecho. Al soltarme, caí al suelo, golpeando mi espalda con fuerza y quedando detrás de Derek, quien me daba la espalda.

Las manos de Scott me sostuvieron del brazo, ayudándome a levantarme. Todos quedamos en silencio, observando cómo Derek soltaba un rugido que ahuyentó a las criaturas. La diferencia era que ahora teníamos frente a nosotros a un Derek amargado y adulto.

Ante el suspenso, Derek se dio la vuelta, revelando sus ojos amarillos.

—Qué demonios pasó.





PRAGMA - Stiles StilinskiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora