En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
Caminaba por la estación escuchando Lady Gaga a todo volumen en mis audífonos. Movía mi cabeza al ritmo ignorando las miradas extrañas en mí. Se podía decir que estaba feliz. Mis maestros estuvieron muy satisfechos con mi trabajo en Alemania y querían postularme para una beca académica.
En los tres meses que estuve en Alemania sentí que pude respirar aire normal y ser una estudiante como cualquier otra. Bueno, no tan normal, pero algo parecido.
Una chica de mi clase se pegó a mí como un chicle para darme consejos de cuidado del cabello, piel, entre otras cosas. Era una loca por el cuidado personal; me atrevía a decir que hasta más que Lydia.
Gracias a la chica loca por la belleza, decidí ir a la peluquería y arreglarme un poco el cabello. Esta vez decidí invertir dinero en productos de belleza que en ropa pues fue más económico y yo no dejaba de gastar el dinero en comida.
Hice algunas llamadas con Scott y Stiles en las noches y me confirmaron que nada extraño sucedía en Beacon. Yo por otro lado, les conté mis avances en la investigación sobre los Esfinges. Ellos me ayudaron a complementar con ayuda de Deaton y creo estar casi segura de lo que soy.
En el bestiario que me envió Scott, descubrí que la única esfinge que tiene como objetivo cuidar y proteger era el Androesfinge; también eran los más poderosos.
Tienen garras extremadamente peligrosas, buena visión al igual que buen olfato pero carecían de buena escucha y podían utilizar conjuros con fines curativos. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue como leí que su rugido puede llegar a matar. Al parecer cuando son molestadas, emiten un primer rugido para espantar y advertir. Si vuelven a ser molestadas, el segundo rugido los dejará paralizados, y el tercer rugido bueno... es el rugido de la muerte.
También leí que cuando sienten una cercanía romántica o familiar hacia alguien, se dedican a protegerlos con su vida. Eso fue lo que me llevó a concluir que tal vez nunca me gustó Stiles, solamente era mi lado animal buscando protegerlo a toda costa. Al igual que llegué a sentir con Melissa y Scott.
Lo que se me hizo extraño fue leer que los Androesfinges solían ser machos, su contra parte sería la Ginoesfinge, y hasta donde yo sabía, no tenía ningún palo colgando de allá abajo. Hasta recordé que Derek mencionó haber conocido a una Androesfinge. Tal vez solo era algún error genético. Bueno, eso lo acabo de inventar, en realidad no tenía ni la más mínima idea de por qué era así.
Volví a la realidad cuando en la pantalla se anunció la llegada del tren a Beacon Hills. Tomé mis maletas y me adentré buscando una cabina que estuviera sola.
Acomodé mis maletas en el techo y me lancé a la silla agotada.
—¡No puede ser! —un grito en la puerta de la cabina me hizo dar un brinco en mi puesto —¡Eres la chica del avión! —giré a ver una peli negra muy bajita mirándome con una sonrisa. Fruncí el ceño confundida y pasé mi vista por la cabina viendo que yo era la única ahí —Si, te estoy hablando a ti —se sentó a mi lado —¿No me recuerdas? Hace un año compartimos fila en el avión. Te conté que vivo a una hora de Beacon —alcé una ceja.