8. El precio de la lealtad

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—Sidney ¿en qué estabas pensando? Sabes que si Cora recibía ese golpe sanaría, tú no lo haces tan rápido y ni siquiera hay una gota de sol —Stiles hablaba angustiado pero seguía con la vista en el camino.

—No sé, solo fue un tonto impulso —coloqué más papel en la herida haciendo presión —Por cierto, Piper encontró algo sobre un Abbaddon.

—¿El demonio? —asentí.

—Está vinculado a la muerte, recibe las almas de los muertos y los conduce a ser juzgados. Pensé que deberías saberlo por todo lo que ha pasado con Lydia —Stiles se quedó en silencio así que continué —En Alemania oí hablar de las Banshees, parecen ser muy famosas en el folclore irlandés. Eran mujeres que aparecen para anunciar la muerte de alguien con un grito o un llanto.

—¿Pensé que habías investigado sobre tus padres? —alcé de hombros.

—Puede esperar un poco, Lydia debe sentirse muy agobiada por estar encontrando cuerpos al azar, solo quiero ayudar. Además, esto podría ayudarte a acercarte más a ella —fijé mi vista en la ventana ignorando el dolor en mi pecho.

—Sid, estás equivocada —fruncí el ceño y giré a verlo.

—¿De qué hablas? —El teléfono de Stiles comenzó a sonar antes de que pudiera responder. Él me pidió que contestara y así hice viendo el nombre de Alison en la pantalla.

—Stiles, acabo de encontrar el patrón en la oficina de mi papá. Es un símbolo celta. Vírgenes, sanadores, guerreros, filósofos y guardianes —giré a ver a Stiles.

—¿Filósofos?

—Y guardianes, después de anoche, debe significar algo como oficiales de la ley ¿cierto? —el chico y yo intercambiamos miradas —Stiles, tienes que decirle a tu papá, dile lo que sea necesario pero has que te crea —me miró de reojo —Adviértele.

—Si, si, si, lo sé —colgó la llamada moviendo sus dedos ansioso sobre el timón.

—¿Vas a decirle?

—Tengo que hacerlo —volteó a verme —Y necesito tu ayuda —asentí volviendo la vista a la ventana. Era en estos momentos que deseaba que un hombre lobo me arrancara la cabeza antes que seguir soportando el dolor.

Unos minutos después nos hallábamos en la casa de Stiles donde pude limpiar la herida para vendarla y tomar algo caliente.

Tuvimos la suerte de que Noah llegó unos segundos después de nosotros y Stiles le pidió que subiera a su habitación.

—Hola Sidney —se fijó en la venda en mi cabeza —¿Qué sucedió?

—Traté de evitar que golpearan a alguien —hice una mueca. Él solo asintió con el ceño fruncido.

PRAGMA - Stiles StilinskiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora