En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
La música en el auto era lo único que me mantenía despierta. Extrañamente, Stiles no decía ni una palabra y solo mantenía sus ojos fijos en el camino. Supongo que ambos necesitábamos procesar todo lo que había pasado en una sola noche.
—¿Te tocó? —preguntó de repente en voz suave.
—¿Qué? —vi sus manos agarrar el volante con fuerza.
—El idiota que te drogó. ¿Te tocó? —dijo entre dientes. Se detuvo en un semáforo y me miró. Mis labios se entreabrieron, pero los cerré de inmediato. Solo pude negar con la cabeza. Él volvió la vista al frente y arrancó.
Stiles comenzó a acelerar un poco, haciendo que el viento que se colaba por alguna parte del carro me erizara la piel del frío. Me abracé a mí misma, aún observando por la ventana.
—Atrás debe estar mi Jersey —giré para verlo con una ceja alzada.
—Póntelo, hace frío —dijo, yendo más allá de lo que esperaba.
No dije nada y me incliné hacia los asientos traseros hasta encontrar su camiseta con el 'Stilinski' y el número 24 en la espalda. Aunque Stiles era notoriamente mucho más alto que yo, le ganaba en masa muscular, así que debería quedarme lo suficientemente grande para cubrir un poco el frío.
Me la coloqué, sintiendo el olor de su colonia inundar mis fosas nasales, y volví mi vista a la ventana.
Unos minutos después, Stiles estacionó el auto y me iba a bajar, pero noté que no estábamos en mi casa, sino en la suya. Giré para verlo con una ceja alzada.
—Te vas a burlar de mí por ser sensible o lo que sea, pero no quiero que te quedes sola. Sé que Melissa está cubriendo turnos en las noches.
—Está bien —dije sin darle mucha importancia. Estaba demasiado agotada para negarme.
—Yo sé que me odias, pero genuinamente trato de preocuparme por... ¿espera qué? —volteó a verme exageradamente —¿Dijiste que sí? —asentí con una pequeña sonrisa. No me sentía con ánimos de pelear con Stiles. O insultarlo, o golpearlo, o burlarme.
En realidad, hacía varios días que no sentía tantas ganas de molestarle la vida. Solo quería dormir.
—Bien, entonces vamos —los dos salimos del auto y entramos a la casa. —¡Papá, ya volví! —un silencio fue lo que le respondió. Stiles suspiró —Debió haber ido a la escena del crimen —subió las escaleras.
—Normal, es el Sheriff —detallé los cuadros en las paredes. Nunca había estado en su casa.
Stiles no contestó y entró a su habitación conmigo detrás. Las paredes eran de un tono azul grisáceo y tenía un montón de posters pegados. Había una ventana gigante que separaba su escritorio de su cama con sábanas azules. Era tal y como la había imaginado. Dejé salir una pequeña risita ante ese pensamiento.