En un remoto pueblo envuelto en misterios y leyendas, una joven llamada Sidney llega para quedarse con su primo, Scott, después de un largo viaje de intercambio. Pronto, Sidney descubre que el lugar está impregnado de una magia ancestral y oscuros s...
Las luces blancas parpadeaban con intensidad al igual que el reflejo de la bola de disco que se encontraba en el techo colgada. La música penetraba en mis oídos, pero no tenía mucho de qué quejarme cuando en los clubes de Alemania te ponían el maldito parlante en el oído.
Miré a mi alrededor, notando que solo había hombres sin camisetas.
Ay no...
—¡Oigan, creo que... —Scott me interrumpió.
—¡Estamos en un club gay! —sí, yo no pintaba nada aquí.
—Amigo, no se te escapa nada con tus agudos sentidos de lobo —los dos volteamos a ver a Stiles que ya se encontraba rodeado de mujeres trans.
Se me escapó una risita que tuve que ocultar con mi mano al ver cómo acariciaban su cuello. Stiles se me quedó mirando con molestia.
—Lo siento chicas, ya tiene dueña —les guiñé un ojo y tomé la mano de Stiles para llevármelo detrás de Scott, quien caminaba hacia la barra.
—¿Qué demonios fue eso?! —escuché la voz del pelón detrás de mí.
—Se dice gracias, idiota —rodé los ojos soltando su mano con brusquedad.
—Tres cervezas —pidió Stiles apenas llegamos a la barra.
—¿Identificación? —los dos chicos sacaron sus billeteras y entregaron sus cédulas falsas que parecían impresas en la impresora de mi casa. El chico de la barra sonrió.
—¿Les parecen dos sodas?
—¿Con ron? ¡Claro! —el chico se le quedó mirando serio a Stiles, y este movió su cabeza al ritmo de la música —O solo gaseosa, me toca conducir —el chico se dio la vuelta haciendo unas señas y volvió hacia mí.
—¿Y tú, linda? —saqué mi identificación falsa de mi bolsillo y se la entregué.
—Una cerveza está bien —a diferencia del par a mi lado, yo sí había invertido buen dinero en una identificación.
—Enseguida —Stiles giró para verme ofendido, y yo solo me encogí de hombros.
Un chico sin camiseta se acercó a nosotros y dejó una bebida frente a Scott.
—Enviaron esto para ti —se volteó y todos miramos al chico que le sonrió al moreno. Scott nos miró a los dos con una sonrisa de niño pequeño que me hizo dudar si acaso tiraba para el otro equipo también. Bueno, en realidad ya lo dudaba, pero esto me lo aseguraba aún más.
—Ay, cállense —Stiles tomó su soda y yo mi cerveza.