Fin

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Angelina

Un par de meses después

Nuevamente amanecí en los brazos de mi futuro esposo, detalle que siempre me hacía empezar el día con la sensación de que era la mujer más feliz, afortunada y amada de todo el universo.

Estos últimos meses a su lado habían sido como un cuento de hadas. Fuimos de vacaciones a Inglaterra y organizamos nuestra boda juntos. La idea era casarnos en primavera. Samuel, por su lado, había decidido crear su propia empresa con unos socios que había conocido en el país donde estuvo estos últimos años. Me alegraba muchísimo por él y a la vez me había aliviado mucho. Por un momento había pensado que si se quedaba conmigo en esta ciudad, no podría seguir viviendo de lo que más le gustaba. Pero no era así para nada; mi prometido estaba igual de feliz y emocionado que yo por todos nuestros planes a futuro.

Me moví lento en mi lugar para no despertar al hombre que me abrazaba desde atrás. Al ver su rostro y cabello despeinado por estar durmiendo, una sonrisa llena de amor se instauró en mi cara. Como era fin de semana, no teníamos que despertarnos temprano hoy. Lo dejaría descansar.

Con esa idea en mente, fui cuidadosa al levantarme de la cama para no despertarlo. En los pasillos y en un rincón de la habitación habían varias cajas, ya que habíamos decidido mudarnos juntos pronto; cuando acabe mi último contrato de alquiler. Al salir del baño, tomé mi celular para ver la hora. ¡Era tempranísimo!

Me encontraba yendo a tomar agua cuando, al leer algo en mi celular, me quedé congelada en el medio del pasillo. No me di cuenta que aguanté la respiración por un par de segundos hasta que solté un jadeo exaltada. Llevé mi mano hacia mi cara, sin poder creerlo.

"Retraso de 14 días."

Hice memoria, por si me había olvidado introducir en mi calendario que había tenido mi periodo, pero no lo recordaba. ¡Nunca había tenido un retraso!

Impactada por lo que acababa de leer, volví a la habitación donde Samuel dormía plácidamente. Dejé mi celular por algún lado; la verdad no era algo que me importaba en este momento y me subí a la cama. Mi corazón latía con tanta fuerza que podía sentirlo en todo mi cuerpo. Mis manos temblaban mientras intentaba despertarlo.

—Samu...—Lo llamé varias veces, subiéndome encima suyo.

Me di cuenta que se despertó cuando sus manos tomaron los costados de mi cadera y una sonrisa socarrona aparecía en su rostro.

—Que buena manera de despertarme, Lina.—Musitó con la voz ronca, presionando mi cuerpo contra el suyo a través de su agarre.

Samuel no tenía ni idea de lo que estaba por salir de mi boca. Mis palabras fueron suficientes para que se le fuera su calentura matutina y a la vez, terminara de despertarse. Nunca lo había visto espabilar de una manera tan instantánea.

—Creo que estoy embarazada.

—¿Eh?

Se sentó en la cama con tanta rapidez que si no me hubiera estado agarrando, capaz hubiera perdido el equilibrio por estar a ahorcadas sobre él.

Tragué saliva antes de repetir mis palabras con inseguridad.

—Creo que estoy embarazada.—Con la voz temblorosa, aclaré;—tengo un retraso de dos semanas.

Estaba aterrada; la idea de que pudiera haber algo cobrando vida me desconcertaba muchísimo. Sí, quería formar una familia con mi prometido, pero todavía no nos habíamos casado ni hablado de la idea de tener hijos tan pronto. ¿... y si él no quería?

Mis miedos desaparecieron al momento en que se le formó una sonrisa emocionada, de oreja a oreja.

—¡Vamos a tener un bebé, Lina!—Comentó asombrado, sin borrar su sonrisa. Sus ojos me miraban tan brillantes y con tanta ternura que parecía que en cualquier momento lloraría de la felicidad.

Eliminando el poco espacio que quedaba entre nosotros, lo abracé aferrándome a él mientras sonreía tontamente, con lágrimas en los ojos. Correspondió mi abrazo, rodeando mi cintura con firmeza y delicadeza.

—Vamos a ser papás.—Musitó emocionado, a centímetros de mi cara.—Vas a ser mamá, voy a ser papá... vamos a tener un hijo. ¡Dios mío! quiero que sea igual a vos. ¿Cómo quieres que lo llamemos? ¿A qué escuela...

—Samu, todavía no me he hecho una prueba.—Aclaré con una sonrisa divertida, a lo que negó incrédulo con su cabeza.

—Olvídalo. Si sale negativa, haremos al bebé hoy mismo.

Solté una risa mientras unas lágrimas se escapaban de mis ojos.

—Te amo.

—Yo más, mi llorona.—Me llenó la cara y cuello de besos en un ataque de amor, sin dejar de sonreír.—¿Estás bien? ¿Tenés antojo de algo?

Sus exageraciones me hacían reír.

—Estoy bien, Samu.

No me soltó hasta minutos después, cuando ya nos habíamos podido calmar los dos. A mí me costó calmarme más y mi futuro esposo me llenó de besos, abrazos y palabras reconfortantes, lo que me ayudó muchísimo.

Fue a comprar una prueba de embarazo, así que yo me acosté un rato asimilando lo que acababa de pasar.

La idea de que un bebé podría salir de mi interior me peturbaba, pero al mismo tiempo estaba feliz de que iba a tener un hijo de Samuel.

Se tardó media hora en volver. Había traído un montón de pruebas de embarazo y también algo para desayunar.

—¿Por qué tantas?—Pregunté mientras leía las instrucciones de una de los tests.

—No sabía cuál marca era la mejor y quería volverte a ver rápido, así que traje todas las que había. Alguna debe servir, ¿no?

—Uhm, quizás sirvan todas.

Finalmente decidimos usar tres de tantas que mi novio había comprado. Luego de unos minutos, nos encontrábamos viendo las pruebas en el sofá. Me había querido sentar a su lado pero él me había agarrado antes de hacerlo y me sentó sobre sus piernas, con la excusa de poder tenerme más cerca.

—¿dos rayitas qué es? ¿qué decía la cajita?—Me preguntó.

No pude decir nada. Estaba tan emocionada que solo pude asentir mientras tenía mis ojos con lágrimas. Al darse cuenta de lo que significaba, me rodeó con sus brazos en un abrazo reconfortante.

—Estoy embarazada.—Pensé en voz alta, aún sin poder creerlo del todo.

—Si.—Dijo con una sonrisa llena de ilusión. Mi futuro esposo estaba igual de conmovido que yo.—Lina, soy el hombre más feliz del mundo ahora mismo.

Sus palabras me hicieron sonreír de la felicidad.

—También soy la mujer más feliz del mundo a tu lado.

Depositó una suave caricia en mi mejilla antes de besarme con ternura y amor.

—Samu.—Comenté con una sonrisita, mientras entrelazaba mi mano con una de las de él, que estaban sobre mi abdomen.—Parece que vamos a tener que adelantar la boda para que me quede bien el vestido.

—Cualquier vestido te va a quedar bien, mi amor, pero hagamos lo que te haga sentir más cómoda. Quiero consentirte en todo. Por siempre.

Lo besé.

—Te amo tanto, Samu. Sos el hombre de mis sueños.

—Y vos la mujer de mi vida.

Fin

bromas y amores dulcesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora