Todo el caos en la vida de Esther, comenzó un domingo cualquiera, cuando iba de compras a una plaza comercial de la ciudad de Puebla.
A partir de ese día su vida haría catarsis por ese encuentro tan casual.
Nunca se imaginó que comenzaría a cuestion...
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Emma
Mi vuelo se retrasó, por varias horas, al aterrizar en la Ciudad de México, ya es de noche, así que, primero iré por mis maletas, y lo mejor será irme al departamento, ya amaneciendo me voy a Puebla, relativamente no está lejos, solo que llegar a la central de autobuses, salir de la ciudad y el trayecto entre ambas ciudades, me tomaría aproximadamente tres horas, solo que, por la hora, será demasiado tarde, no quiero levantar a mis padres en la madrugada y mucho menos preocuparlos por la hora.
Con todo esto en mente, voy caminando a la salida del aeropuerto, al abrirse las puertas hacia la sala de espera, me quedo estática al ver a esas personas que tanto he añorado abrazar, una calidez invade mi pecho, las lágrimas no tardan en hacerse presente, lloro de felicidad al ver a mis padres y hermanita en brazos, esperando por mí, un año sin tenerlos tan cerca, tiro mis cosas y corro a abrazarlos.
-Emma, mi amor -mi madre acuna mi rostro entre sus manos para observarme bien.
Extrañaba esa manera que tiene de mirarme, una mezcla de orgullo, ternura y como si fuera el ser más perfecto de la tierra. Me inclino para abrazar a mi mamá y ella me recibe con varios besos en la frente y mejillas, para después darme un fuerte apapacho, sintiendo esa calidez que solo ella como madre me reconforta.
Al separarme de ella, mi padre se acerca con una sonrisa y sus ojos llorosos, rodea mis hombros con su brazo libre, mientras en el otro carga a mi hermanita que está dormida, dándome un beso en la frente, cargado con todo el amor.
Mi hermanita se remueve en el brazo de mi padre, restregando su cabecita en el hombro de él, se levanta adormitada, causándome gracia su carita, restriega sus ojitos cerrados con sus manos. La detallo, dándome cuenta de que en este año que no estuve, se dio un buen estirón, creo que va a ser alta como yo.
-Emma -susurra aun adormitada.
-Hola hermanita -le acaricio sus rizos, abre bien sus ojitos y me mira ladeando su cabecita, sonríe mostrando sus dientes.
-¡Emma! -grita y se avienta a mis brazos, reaccioné rápido para sostenerla.
Me quejé un poco por el impacto de sus rodillas en mi abdomen, pero eso no me quito el aliento, ella enredó sus brazos en mi cuello y sus piernas rodearon parte de mis costados. La abracé y la llené de besos, haciéndola reír, ya extrañaba a mi pequeña, y a mis padres que tanta falta me hicieron en todo este tiempo.
Cuando me concentro nuevamente en mis padres, ellos ya traen mis pertenencias que dejé en el olvido por correr a abrazarlos.
-¿Acaso creciste más? -me dice mi papá pasando su mano sobre mi cabeza, con una sonrisa ladeada, queriendo contener una risa.
Me carcajeo, ya que sigo de la misma estatura, le llego a la altura de sus ojos, y la última ocasión que hizo esto mismo, recuerdo que estaba igual.