Todo el caos en la vida de Esther, comenzó un domingo cualquiera, cuando iba de compras a una plaza comercial de la ciudad de Puebla.
A partir de ese día su vida haría catarsis por ese encuentro tan casual.
Nunca se imaginó que comenzaría a cuestion...
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Emma
El trayecto hasta Val 'Quirico, se me hizo muy corto, hacer que Esther me platicara de su trabajo fue una gran idea, ya que, entrando en confianza, suele hablar bastante, me explicó lo que realiza, honestamente, no entendí muchas de las cosas que ella hace, sin embargo, es un tema muy interesante y mucho más cuando ella tiene conocimiento para nuestro más temible terror de adultos, trabajadores, empresarios, que es hacienda, o sea el famoso SAT.
Sus ojos brillan al platicarme todo lo que hace, el porque de cada cosa, es como si tuviera esa atención que nunca le han dado, como si sus alas hubieran sido cortadas, aunque sea algo aburrido, creo que es válido darle toda la atención en lo que le gusta, yo soy feliz de escucharla contarme todo lo que quiera, sus sueños como profesionista.
Aparte, disfruté acariciar su pierna con mi pulgar y me sorprendió que nunca retiró mi mano de su rodilla, al contrario, puso su mano sobre la mía, jugando con mis anillos, delineando mi dorso y llegando incluso a entrelazar nuestras manos, haciéndome recordar aquella adolescente enamorada de ella.
<<No te hagas pendeja, sigues enamorada de ella.>>
-¿Por qué usas tantos anillos? -pregunta mientras está quitándome uno de mis anillos y se lo pone.
-Comencé usando uno y luego llené mis dedos porque se ven geniales, además que cuando me da ansiedad me ayuda a distraerme -siento como sigue jugando con mis dedos.
-Me gusta como se te miran -me pone el anillo que me quitó.
-Ya me di cuenta, corderito -le digo divertida.
Encontré un lugar libre para estacionarme, una vez acomodado el auto, lo apague, me quite el cinturón, agarre mis pertenencias y me bajé rápido, para poder abrirle la puerta a Esther, llegué justo a tiempo para hacerlo y ver su mirada, es que me encanta verle sus ojitos de alegría cuando lo hago y sus mejillas sonrojarse, es la cosa más tierna.
<<Ya cómetela a besos, no esperes a más y hazlo, culo si no lo haces.>>
Cállate cerebro, no estés chingando, que debemos comportarnos delante de ella.
-Gracias -efectivamente se sonrojó.
-Un placer, bella dama -tomo su mano y cierro la puerta.
Se siente tan bien caminar así a su lado, con nuestras manos entrelazadas, me sorprende que no haga el intento de soltarnos o algo por el estilo, me dejo llevar por este momento, simplemente disfruto de su tacto. Recordando bien, siempre que la tomo de la mano, nunca hace el esfuerzo de soltarme y eso es algo que me encanta.
-Tengo hambre -se detiene y se gira abruptamente, haciéndome casi chocar con ella de frente, solo alcanzo a poner mi mano libre en su cintura.
-Veamos que podemos comer, corderito -me perdí en sus ojos, ya que tienen ese brillo que tanto me encanta verle.