Esther
Ver manejar a Emma, es una de las tantas cosas que me gusta observar de ella, esa manera tan relajada en que va, pero a la vez tan atenta, es un delirio para mí.
Ella es mi lugar seguro, me trasmite tanta paz, que me hace sentir en confianza, por lo que me encanta cantarle sin sentirme juzgada o hacer cosas que normalmente no hago con otras personas.
Miro como sonríe, se le forma esos hoyuelos que me roban miradas y suspiros, agarro su mano y jugueteo con sus dedos, acaricio y llevo su dorso a mis labios para depositarle muchos besos. Me encanta ver cómo se sonroja, haciéndome recordar nuestra adolescencia, cuando esa niña siempre me provocaba abrazarla y llenarla de besos.
Años después, las cosas no han cambiado mucho, sigue provocándome su sola presencia para abrazarla, llenarme de su serenidad, su aroma, estrujarme entre sus brazos, sus besos, esos besos que me hacen llegar a un mundo que solo nos pertenece a ambas.
—Amor, te amo, mucho, mucho, mucho, mi lobito —le dejo varios besos en su mano y antebrazo, provocándole una risa contagiosa.
—Yo igual te amo demasiado, mi dulce corderito —entrelaza nuestras manos y lleva mi dorso a sus labios, dejándome un beso tierno.
—¿Falta mucho para que lleguemos a nuestro destino? —tengo la intriga de ver la sorpresa de Emma.
—No, falta poco, amor, unos 20 minutos —mira rápidamente la pantalla y regresa su vista a la carretera.
—Ya quiero llegar —acaricio su antebrazo con mi mano libre.
—No seas ansiosa —sonríe.
—No es porque ya quiera ver mi sorpresa —le pico la mejilla haciéndola reír.
—¿Entonces? —arquea su ceja derecha.
—Quiero besarte y estar entre tus brazos —le digo un poco picara.
Se ríe y niega, me gusta ver su reacción, y más que no pierde de vista la carretera, porque sé que quiere llegar segura a nuestro destino, sin ningún inconveniente.
—Si en este momento pudieras viajar a cualquier parte del mundo, ¿a dónde irías? —me pregunta mirándome de soslayo.
—A cualquier parte donde estés tú —le contesto sin analizar algo más.
—Me halaga, pero, en serio, aunque yo no este junto a ti, ¿dónde quisieras ir? —insiste.
Suspiro analizando la respuesta, hay muchos lugares en el mundo que me encantaría conocer, ver con mis propios ojos y no solo a través de una pantalla. Hago un listado mental de varios lugares.
—Son tantos lugares, ¿tengo qué elegir uno? —me muerdo el labio inferior y la miro con curiosidad.
—No, me gustaría saber tu lista —me mira rápido con una tierna sonrisa, antes de seguir atenta a la carretera.
—¿Tiene que ser ciudad?
—No
—En ese caso, quiero conocer Italia, España, Reino Unido, Francia y Egipto —imágenes mentales de cada lugar llegan a mi mente.
—Algún día te acompañaré en esa aventura, en Reino Unido, haremos el recorrido de Harry Potter. Francia e Italia, te doy un tour personalizado. España y Egipto, descubriremos juntas porque no conozco —siento que una gran emoción se acumula en mi pecho, como una calidez agradable.
—Eso me encantaría y más recorrer cada lugar tomada de tu mano —le digo muy emocionada, imaginando esa escena —. Solo que hay algo en particular de España, es como si algo me atrajera a Madrid, en específico, es como si algo me llamara, creo que parezco loca —suspiro.
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Prohibido amarnos
RomanceTodo el caos en la vida de Esther, comenzó un domingo cualquiera, cuando iba de compras a una plaza comercial de la ciudad de Puebla. A partir de ese día su vida haría catarsis por ese encuentro tan casual. Nunca se imaginó que comenzaría a cuestion...
