Todo el caos en la vida de Esther, comenzó un domingo cualquiera, cuando iba de compras a una plaza comercial de la ciudad de Puebla.
A partir de ese día su vida haría catarsis por ese encuentro tan casual.
Nunca se imaginó que comenzaría a cuestion...
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Esther
Me desperté con la idea de ir a ver a Emma, no lo pienso mucho y me levanto muy feliz para ir a tomar un baño, ni idea cuanto tiempo me tomo, al salir lo hago envuelta con una toalla a mi cuerpo, voy a mi closet para agarrar la ropa que me pondré, me quito la toalla y seco bien mi cabello, me visto y solo voy al tocador para peinarme, al verme en el espejo, veo mis mejillas con un tono rosita y mis labios carmesí, finalmente me regresó el color, así que decido no maquillarme.
Busco mi bolsa, guardo mis llaves, cartera, al agarrar el celular veo que tiene la batería baja, lo guardo junto al cargador, solo doy un repaso de que no se me olvide algo. Saliendo de casa veo que los primeros rayos de Sol comienzan a iluminar el cielo y la frescura de la mañana me envuelve, simplemente me hace feliz este amanecer, camino a mi auto, le quito el seguro y subo dejando mi bolsa en el asiento del copiloto.
Manejo muy tranquila al departamento de Emma, mi lobito, escuchando la canción de fondo, realmente no reconozco ni el nombre o letra, porque no es la música que escucho, solo que hoy he decidido comenzar a escuchar lo que le gusta a ella, sonrío por recordar el día que me hizo descargar una aplicación para escuchar música, se sorprendió porque no la conocía.
Por la hora, hay muy pocos autos circulando por las calles, solo he mirado por mi camino varias personas van en bicicleta o que están corriendo, con estos últimos sonrío muy feliz porque Emma debe estar haciendo lo mismo o ya está en su casa.
Un punto en mi contra, nunca le he preguntado la hora que sale a correr y cuánto tiempo se toma en hacerlo, me hace sentir mal porque sé que es algo que a ella le gusta y al momento no le he preguntado mucho al respecto.
<<Eso debe cambiar, hay que preguntarle y anotarlo, para estar pendiente de sus recorridos y asegurarnos de que esté bien en todo momento.>>
Me estaciono y me quedo viendo el edificio donde vive, pensando si subir o hablarle para saber si está en su departamento, pero por inercia agarro mis cosas y bajo del auto, suspiro y camino a la entrada, donde el vigilante me reconoce y me da paso.
Veo las escaleras y solo resoplo, al mirar que son tres pisos los que debo subir y mi condición física no es la mejor, pero por verla a ella, los subiré, así sea que llegue arrastrándome.
Estoy dando los últimos pasos para llegar a su puerta, mi pecho sube y baja muy agitado, me arde al intentar respirar, llevo mi mano al pecho para intentar tranquilizarme, una capa de sudor cubre mi frente por el esfuerzo, solo doy gracias de haberme puesto tenis, porque con las zapatillas, me arderían más las piernas y hasta las plantas de los pies me dolerían.
Hago el esfuerzo de tranquilizarme, pero quiero sentarme, toco la puerta varias veces, rogando mentalmente de que esté y el esfuerzo haya valido la pena. Voy a tocar nuevamente, cuando la puerta finalmente se abre, quedando mi puño al aire, al mirarla se me dificulta tragar y siento mis mejillas arder.