Capítulo VI: Sigilos

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¿Por qué ha vuelto? De todas las decisiones incoherentes que esta chica ha tomado hasta ahora, esta tiene que ser la peor. La tengo bien sujetada por la manga de su blusa y la miro con una mezcla de consternación y preocupación. No puede estar aquí, no puedo ocuparme de ella ahora, debo defender a mis camaradas. Alrededor nuestro oigo gritos ahogados y conmoción pero no puedo apartar los ojos de ella. Se retuerce intentando librarse de mi agarre y me mira molesta. Yo debería ser quién está molesto, ¿Qué se le ha pasado por la cabeza para decidir meterse en una situación como esta voluntariamente? Mi frustración me gana y la sacudo.

¿Por qué no me estás escuchando, Errante? ¡Necesitas irte ahora mismo! —le digo elevando la voz con la esperanza de asustarla lo suficiente para que entre en razón. Pero no, claro que no. El uso de razón no es una fortaleza de Errante al parecer. Frunce el ceño y me espeta:

Hay elfos heridos por todas partes y hombres lobo alrededor, ¿y esperas que me vaya? su tono agresivo me toma desprevenido y aprovecha la oportunidad para echarse hacia atrás y librarse de mi agarre.

Al siguiente segundo se escapa de mis manos corriendo a toda velocidad hacia el centro del campamento. Me quedo boquiabierto intentando decidir si intentar atraparla nuevamente, dejar que la destrocen los hombres lobo o asesinarla con mis propias manos. Me enfurece su terquedad y su estupidez. La sigo con los ojos y me doy cuenta que está donde varios de los elfos heridos están tendidos en el suelo gimiendo de dolor. No entiendo que pretende lograr, una chica con su contextura solo estorbará y será una carga que cuidar- 
Mis pensamientos se interrumpen cuando la veo arrastrando a uno de los heridos hacia las tiendas, poniéndolo fuera de peligro. Me cuesta imaginar cómo puede tener la suficiente fuerza para tirar de algo que debe doblar su peso. ¿Acaso dejará de sorprenderme alguna vez? Espero que no. 

De pronto unos aullidos a la distancia me sacan de mi ensimismamiento y miro alrededor frenético, poniéndome en guardia. Le grito a los demás que se pongan a salvo en las tiendas mientras avanzo en dirección a los gruñidos que vienen de la parte lateral del campamento. Cada paso que doy tengo que forzarme a mí mismo para no mirar hacia atrás en busca de Errante. ¿Se habrá ido? ¿Se habrá refugiado junto con los heridos? Mis preguntas se responden solas cuando de pronto la veo llegar corriendo a mi lado por el rabillo del ojo. Sonrío para mis adentros y me siento terrible por ello. Debería estar molesto de que aún esté aquí pero no lo estoy, en todo caso, me alivia poder tenerla a la vista para asegurarme que nada le suceda. 
Escucho ramas quebrarse alrededor nuestro en los límites del bosque y puedo oler cómo apestan esos hombres lobo. 

No puedo contenerme y miro a Errante esperando encontrarme una mirada de terror, y si bien la hallo, está escondida bajo una fuerte determinación en su rostro. Caigo en la cuenta de que jamás esperó que la proteja, de hecho, no creo que la idea de que alguien la proteja ha cruzado su mente alguna vez. El pensamiento me entristece y a la vez me fascina. 

De pronto, un pequeño grupo de licántropos salta desde entre los árboles y nos rodean. Errante se sobresalta pero se mantiene firme a mi lado. Miro alrededor y veo que solo estamos ella y yo aquí, lo cual es lógico, ya que ninguno de los demás elfos sabe defenderse. Trago saliva con dificultad y vuelvo la mirada a las bestias que nos enseñan los dientes gruñendo. 



He visto muchas ilustraciones de hombres lobo, pero jamás me había encontrado con uno. Mucho menos con cinco. No se ven como perros grandes como algunos libros los describen, si no que parece como si un alquimista hubiera fusionado un humano con un lobo rabioso. Es perturbador saber que detrás de ese hocico lleno de espuma y colmillos amarillentos, hay una persona rehén de su enfermedad, pero entre ellos y yo, siempre elegiré salvarme a mí misma. Y ahora mismo, a los demás elfos también. 

Aiden y yo estamos inmóviles, cuidadosos de no hacer ningún movimiento brusco. La conmoción se convirtió en silencio, excepto por nuestras respiraciones. La del elfo y la mía agitadas y las de los licántropos pesada y ruidosa. Mis ojos los recorren a todos, buscando cualquier indicio de que está a punto de abalanzarse. Siento el corazón en los oídos. 
De pronto una de las bestias, da un paso hacia nosotros ansioso y aprovecho el momento para tomar mi arco y una flecha de mi carcaj con un movimiento ágil.
Los lobos se estremecen al ver la punta plateada de mis flechas y comienzan a gruñir y bufar. 
Aiden me mira de reojo y me dice entre dientes:

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora