Capítulo LIV: Sin retorno

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Apenas puedo oír algo sobre el sonido de mis propios latidos. Me aturden y siento como si cada fibra de mi cuerpo pulsara al ritmo de mi corazón. Tengo que concentrarme para no dejar que el vello erizado de mi nuca me aparte de tener los ojos en la puerta. En cualquier instante, Denna aparecerá, pondrá en marcha este retorcido plan con lo cual ya no habrá vuelta atrás, se dará inicio a una cadena de eventos que podrían cambiarlo todo. Solo pensar que algo podría sucederle me da náuseas pero intento tragar saliva para disipar esa sensación. Respiro lento y profundo dos, tres, seis veces. Vamos Denna, ¿dónde estás?
Aprieto los puños en lo que noto que tengo la boca seca. Mi mente me recuerda que no he bebido agua en muchas horas y de pronto la sed se siente abrumadora. Cuando todo esto termine me beberé un barril completo de agua fresca y me daré el baño más largo de mi vida. Suspiro y meneo la cabeza, no debería pensar en cosas tan triviales ahora. Un estruendo lejano a mis espaldas me ayuda a volver a la realidad y con ello mi incertidumbre acerca de qué estará sucediendo allá atrás con el profesor, el decano y todos los demás.

Entonces, una figura ágil se cruza en mi campo de visión y la reconozco al instante. Observo cómo planta sus fuertes piernas en el piso, toma las aldabas de hierro y tira de ellas con todas sus fuerzas. Al principio, las pesadas puertas crujen, como si se quejaran al ser despertadas de un largo sueño, pero no muestran intención alguna de ceder. Reprimo el impulso de salir de mi posición para ir a ayudar a Denna, con mi fuerza podríamos abrir las hojas en un instante. Tenso la mandíbula y me doy la orden de quedarme en mi sitio. Contemplo expectante cómo su cuerpo se inclina hacia atrás y sus pies resbalan un poco sobre el lustroso piso mientras continúa jalando. Me digo a mí mismo que es imposible oír sus gruñidos de esfuerzo desde esta distancia, pero podría jurar que lo hago. Vamos Denna, tú puedes, arrastraste elfos de metro noventa en el campamento, tú puedes con esto.

Cuando afloja su agarre para recobrar el aliento y tomar un descanso, noto que yo también estaba reteniendo la respiración y la dejo salir de a poco. Antes de que pueda volver a inhalar, Denna se lanza a tomar los aros de hierro negro una vez más y en un movimiento brusco, tira de ellos hasta que las puertas ceden y comienzan a deslizarse.

—¡Eso es Denna! —las palabras se escapan de mis labios antes de que siquiera pueda procesarlas y me tapo la boca instintivamente por si acaso.

Sin desperdiciar un segundo y aparentemente sin noción de lo que es el miedo, se planta a espaldas de los centinelas como si su porte igualara el de ellos. Me recuerda que más de una vez realmente he temido por mi bienestar cuando se pone en esa actitud. Sus movimientos son rápidos y calculados cuando embiste a ambos guardias usando los brazos y retrocede varios pasos luego. No puedo ver su expresión, pero puedo imaginarla. Su silueta a contraluz se congela cuando los centinelas se vuelven hacia ella. El tiempo parece detenerse para todos por un instante que parece una eternidad y luego, como si los segundos doblaran su velocidad, Denna se echa a correr a toda velocidad por el pasillo en dirección opuesta a la salida. Los centinelas exclaman algo en una lengua que no reconozco y sus voces suenan antinaturales, como si dos piezas de metal chocaran entre sí y produjeran su propio lenguaje.

Cuando comienzan a perseguirla, lo hacen a pasos lentos y largos, provocando que con cada movimiento sus armaduras chirríen. El sonido me recuerda a las vasijas y platos destrozados bajo mis botas la tarde en que conquistamos el pueblo de Ïmir con el ejército de mi padre. La escena de entrar en aquella casa de barro y paja, con todas las pertenencias de esa familia crujiendo bajo mis botas, se repite en mi mente. Incluso puedo percibir el olor a tierra mojada que emanaba del suelo. Cada pisada sobre la cerámica en mis recuerdos es reflejada por los pasos de los centinelas, y de repente, siento náuseas. Hacía mucho que no pensaba en ese día, el día antes de mi exilio.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora