Capítulo XV: La pieza faltante

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Veo a Kelda arrastrar a Aiden a la fuerza hacia el centro de la plaza y suelto una risita. La diferencia de altura entre ellos es notable. Él es al menos metro y medio más alto que todos los enanos. Se ve muy fuera de lugar, pero también parece feliz. Lo observo mientras le hace una reverencia perfecta a Kelda y luego le ofrece su brazo como todo un caballero. Me doy cuenta que estoy sonriendo y borro el gesto de mi cara rápidamente. Me concentro en la banda de músicos. No sé mucho de instrumentos, pero creo distinguir una flauta, una viola, un laúd y algo de percusión. La música que tocan es alegre y hace que todos bailen entusiasmados. Me tomo un momento para observar a todos los enanos que se encuentran allí y casi puedo sentir su ánimo contagiarme. Bailan, giran, ríen y aplauden marcando el ritmo de las melodías. Es como si este pueblito existiese ajeno a todo el mal de las tierras. Solo viven aquí, cosechando, horneado y bailando. No puedo imaginar llevar una vida tan tranquila. 

De pronto, Aiden se cruza en mi campo de visión mientras baila y capta toda mi atención por más que intento resistirme. Es muy habilidoso y grácil. Por supuesto que lo es, de seguro le enseñaron a bailar cuando era príncipe. Pero también noto que su rostro está iluminado de felicidad. Cuando lo veo sonreír de esa manera, no puedo evitar hacerlo también, parece que se divierte genuinamente. Una sensación cálida nace en mi pecho y no puedo reconocerla. Es como si pudiera sentir su corazón experimentando esa alegría en lugar del mío. Es como si casi pudiera sentir lo que el siente. Observo a todos parada a un lado, capturando esta escena en mi mente para siempre. Este es mi unicornio.

Entonces, siento los ojos de Aiden en mí mientras sigue bailando y me sonríe. Me arriesgaría a decir que puedo adivinar su próximo movimiento solo por la forma en la que me está viendo. La melodía termina y todos aplauden y corean. Mientras recuperan el aliento, la banda anuncia su última canción y comienzan a tocar. Veo que Aiden le dice algo a Kelda y se inclina levemente hacia ella. Luego comienza a correr. Hacía mí. El corazón se me acelera instantáneamente al confirmar mis sospechas sobre sus intenciones. Y lo peor de todo, es que me quedo donde estoy en lugar de aprovechar el momento para irme. No entiendo por qué no me muevo. No entiendo por qué no quiero moverme. No entiendo por qué quiero dejar que esto pase. 
Cuando llega a mí, lo miro intensamente a los ojos y me contagia la sonrisa. Me ofrece su mano y da un paso más cerca. 

—¿Puedo tener el honor de bailar contigo, mi dama? —me pregunta con un tono excesivamente formal y casi suelto una risita. Levanto las cejas hacia él con una sonrisa burlona y cruzo los brazos sobre mi pecho.

—En primer lugar, no soy una dama. —lo molesto imitando su tono— Y no, no bailo —agrego.


Es verdad. Solo he bailado unas pocas veces y la mayoría de ellas fue estando sola. Una vocecita en mi cabeza me está gritando para que acepte, pero la aparto y niego con la cabeza mientras muerdo mi labio. Por primera vez en mi vida siento que mi frialdad se está volviendo una fachada que me esfuerzo por mantener en lugar de ser parte de mi naturaleza. Aiden se ríe y dice en un tono teatral:

—Oh no, ¡he sido rechazado!—luego finge estar desconsolado. Pone el dorso de su mano en su frente y simula llorar.

Se me escapa una risa tan auténtica que me recuerda a cómo alguna vez leí en un libro que describen a la libertad. ¿Cómo lo hace? Todo. El. Maldito. Tiempo. Me hace reír. Lo odio. No lo odio en absoluto. Miro fijamente sus ojos y su mirada es tan intensa que tengo que esforzarme por no apartar la vista. Fracaso miserablemente y meneo la cabeza mientras miro al suelo.

—Nunca volveré a bailar si me rechazas así. —agrega cuando no le doy ninguna respuesta. Me dedica otra sonrisa pero esta es diferente. Es una sonrisa pura y exclusivamente para mí. Es una sonrisa cómplice entre él y yo. Me ofrece la mano nuevamente. —Por favor, baila conmigo.

Estoy a punto de repetirle que no bailo, pero en lo más profundo de mí, quiero hacerlo. Me gustaría probar cómo se siente bailar como si nada más importara. Y quiero bailar con él. Quiero tomar su mano. Vuelvo a encontrarme con sus ojos decidida a aceptar su oferta.

—Yo-... —de repente, Kelda aparece desde atrás de Aiden y le agarra el brazo de nuevo.

—¡Vamos, Aiden! ¡Esta es la última canción! —exclama mientras lo arrastra de nuevo hacia la plaza con un poderoso tirón. Sí que son fuertes los enanos. Aiden y yo no rompemos contacto visual mientras lo arrastran y encojo los hombros riendo.

—¡Quizás en otra ocasión! —le grito con tono burlón.

—Tal vez... ¡O tal vez nos veamos obligados por la tradición a bailar algún día en mi boda! —me responde también gritando mientras ríe y se mezcla entre la multitud. 

Yo me río también por un instante y luego mi sonrisa desaparece a medida que las palabras de Aiden se hunden en mí. Un millón de pensamientos surgen en mi mente mientras lo veo bailar.
¿Por qué mencionaría su boda? ¿Acaso está comprometido? Trato de apartar las preguntas mientras me convenzo de que debe ser alguna broma élfica que no entiendo. De todas maneras no es algo que me concierna. De hecho me importa poco. La vocecita en el fondo de mi cabeza parece tener algo para objetar pero la ignoro. Ocupo mi atención en aplaudir al ritmo de la música junto con algunos otros enanos. Después de un momento, la canción termina y todos festejan como si hubieran ganado la Gran Guerra. Kelda abraza a Aiden tan fuerte que casi lo levanta del suelo y me río de la extraña escena. 

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora