Capítulo IX: Exilio

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—No, no, no —murmuro mientras me dirijo a la ventana para abrirla. Echo un vistazo hacia abajo. Estoy en el primer piso de la posada, es bastante alto, pero decido arriesgarme y me siento en la ventana, lista para saltar a la calle. Miro hacia abajo y mis cálculos dice que estoy a unos tres metros de altura. Quizás si aterrizo correctamente... Pero, ¿Y si no? Maldigo para mis adentros mientras me bajo de la ventana. Los golpes en la puerta se hacen cada vez más intensos haciendo que la madera cruja. Decido dejar la ventana abierta como señuelo y me escondo debajo de la cama como una niña pequeña. Me tapo la boca con la mano mientras Aiden irrumpe en la habitación, destrozando por completo el cerrojo y desperdigando astillas por todas partes. 

Sé que está ahí dentro, no entiendo por qué simplemente no abre la puerta. Mi paciencia se está acabando con cada minuto que pasa. Golpeo la puerta con fuerza mientras debato si entrar por la fuerza o ser un elfo respetable como se espera de los de mi raza. La llamo una vez más. Nada. Esta muchacha no sabe en lo que se ha metido. Doy un paso atrás y luego empujo la puerta con el hombro, abriéndola de par en par. El sonido de las astillas contra el piso es lo único que llena la habitación. Entro lentamente, escanenado la habitación con la vista, buscando cualquier señal de Denna o las monedas. Especialmente de Denna. De pronto veo la ventana abierta y me apresuro a asomarme por ella y mirar a la calle. El estómago me da un vuelco al pensar que esta humana es completamente capaz de saltar por ella. Pero también es muy inteligente. Miro alrededor y veo que sus pertenencias siguen aquí, así que ella también. Las monedas están desperdigadas sobre la cama, así que las meto en la bolsita púrpura y las guardo en mi capa.
Cierro los ojos y escucho su respiración debajo de la cama. Suspiro aliviado que no haya saltado desde esta altura y me acerco con pasos lentos mientras intento sonar calmado:


Errante, si estás aquí, por favor, solo respóndeme.

Ni siquiera entiendo por qué se lo estoy pidiendo amablemente. Silencio. Tenso la mandíbula con frustración. ¿Por qué tiene que hacerlo todo tan difícil? 

Sal, estás perdiendo tiempo  no puedo ocultar la exasperación en mi tono.

Nada.
Suficiente.

Pongo los ojos en blanco y me agacho para buscarla. Cuando nuestros ojos se encuentran mi enojo se evapora por una milésima de segundo. Extiendo mi mano hacia ella institivamente con delicadeza, como si estuviera por tomar una flor...  Pero las flores no entran en pánico y comienzan a retorcerse para escapar de mi. Mi enojo vuelve tan rápido como se fue y en un movimiento brusco la tomo del brazo. La oigo quejarse y me pregunto si estoy haciéndole daño pero no deja de revolverse frenética. La arrastro desde debajo de la cama mientras patalea y gruñe como un animal salvaje. Intento retenerla contra el piso pero no me lo pone nada fácil. 

¡PUSISTE UN HECHIZO DE RASTREO EN TU MONEDA, SABÍA QUE AL FINAL NO CONFIABAS EN MÍ! me grita de pronto, apenas puedo verle el rostro mientras forcejeamos. La sostengo con más fuerza mientras el corazón me palpita en la garganta y siento el rostro caliente de ira.


¡Por supuesto que puse un hechizo de rastreo en mis monedas, Errante! ¡Me robaste y quería poder encontrarte! mi voz suena gutural y rasposa. 


No deja de luchar para librarse de mí y comienza a desesperarme. Es fuerte y ágil pero no pienso dejar que se me escape nuevamente. En un intento desesperado de tomar la ventaja, la sacudo con fuerza. Se sobresalta y me mira con los ojos muy abiertos, respirando agitada. Estoy a punto de soltarla por que temo haberla asustado. Grave error. 

¡Deja de llamarme Errante! me espeta y vuelve a retorcerse con fuerza para escapar de mi. Me toma desprevenido y lo próximo que veo es su codo golpeando mi rostro. Gruño de dolor y finalmente la suelto, retrocediéndo rápidamente dejando caer la bolsita púrpura. 

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora