Capítulo LVI: Rastroguía

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Mi corazón golpea furiosamente contra mi pecho mientras cientos de rostros pasan frente a mis ojos. Cierro los puños alrededor de la manta y mis ojos saltan de la puerta al escondite debajo de mi cama donde suelo ocultar mi arco y flechas. Intento calcular mentalmente cuantos segundos me tomaría llegar hasta allí en mi estado y la respuesta hace que mi estómago de un vuelco. Una extraña sensación de que no están en la misma posición en la que recuerdo haberlos dejado me distrae por una fracción de segundo, pero aparto el pensamiento. Trago saliva con dificultad para soportar el dolor punzante de mi herida cuando cambio la postura de mi cuerpo, inclinándome levemente hacia adelante como si fuera un lobo preparado para saltar sobre un indefenso conejo.

La madera chirría al desplazarse y siento a Aiden tensarse a mi lado. Su respiración está agitada, al igual que la mía. Cuando la figura ingresa con pasos firmes a la habitación haciendo eco entre el denso silencio que nos envuelve, frunzo el ceño. De todas las posibilidades que consideré, Cassandra estaba hasta abajo en la lista. Y mucho menos con la expresión furibunda que trae. Sus ojos verdes me atraviesan y siento como si una daga de hielo me apuñalara la garganta. Cierra la puerta tras de sí sin quitarnos la vista de encima para luego extender el brazo en el aire y enseñarnos un trozo de tela color marrón oscuro con manchas de césped y tierra.

—¿Reconoces esto?

Su voz es tan afilada que además de cortar el silencio, también se hunde a través de mi consciencia por alguna razón que no identifico. No respondo, pero tampoco aparto la vista, demostrándole con la mirada que no me intimida. No sé de qué es capaz Cassie, por lo que decido que esquivar la verdad es la mejor decisión ahora mismo.

Estamos a varios metros distancia y aun así puedo oír como inhala y exhala con brusquedad como si la tuviera al lado. Luego de un instante, suelta un bufido de frustración y baja el brazo. Mira a Aiden y luego a mí de nuevo.

—¿Y bien? —al alzar la voz, se quiebra un momento producto de su enojo.

—Cassie...

—Tú no te metas, Aiden. Esto no es asunto tuyo.

Lo interrumpe de una forma tan brusca y tan grosera que me provoca levantarme de mi sitio para darle una bofetada.

—No le hables así. —escupo entre dientes. Se vuelve hacia mí de repente, haciendo que su cabello negro ondule sus hombros. Pestañea un par de veces y luego tensa la mandíbula antes de hablar de nuevo, esta vez con un tono algo más suave.

—Esto es entre Denna y yo.

—No tengo nada que discutir contigo, no sé de qué hablas.

Como si la hubiera maldecido en tres idiomas, Cassandra abre los ojos de par en par y da un paso adelante con ímpetu, sosteniendo el trozo de mi overol hacia mí una vez más.

—¿En serio, Denna? Explica esto entonces.

—No tengo por qué darte explicaciones de nada. —mi tono es inflexible, pero no tengo idea a donde va con todo esto.

—Sé que eras tú anoche en el Acervo. Eres la única persona que no lleva túnica de estudiante y este trozo de tela casualmente es del mismo color que tu ropa. ¿Por qué insistes en negarlo?

—¿Y tú por qué insistes en saber? Esto no te concierne en absoluto.

—No me concierne... —repite con tanta ironía que casi puedo saborear el veneno que derraman sus palabras. —Claro que me concierne. A mí y a todos los humanos. ¿Es que acaso no lo entiendes? ¿Estás tan metida en tu egoísmo que no lo ves?

Sus últimas palabras se sienten como un puñetazo en el estómago y de pronto me quedo sin saber qué decir, aunque sigue hablando y se me adelanta a cualquier pensamiento.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora