Capítulo VIII: Tres veces seis

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Aiden considera mis palabras y luego asiente con la cabeza. Mira fuera del campamento y luego dice en voz baja,

—De acuerdo. Vamos a un lugar más tranquilo para hablar donde nadie nos pueda escuchar.

Me guía unos metros dentro del bosque lindero hasta un sauce gigante que se eleva sobre los demás árboles cercanos. Me hace señas para que lo siga mientras comienza a trepar. Abro los ojos con sorpresa ante su agilidad y gracia. Al llegar a una de las ramas se detiene y mira hacia abajo, haciéndome un gesto con la mano para que me una a él. Comienzo a trepar también, con un poco más de dificultad y por supuesto menos gracia que el elfo, hasta llegar a la misma rama en la que él está parado ahora. La vista es espectacular desde aquí arriba. Puedo ver el campamento, el bosque y el lago muy abajo. El sol comienza a ponerse lentamente en la distancia, arrojando un resplandor cálido sobre el paisaje. Aiden me sonríe siguiendo mi vista y luego se sienta sobre la gruesa rama.

—Si quieres contarme sobre el problema en el que te metiste, prometo escucharte sin interrumpir ni juzgarte.

Ya veremos sobre eso. Me tomo un momento para contemplar el paisaje en silencio. Luego saco la pequeña bolsa púrpura de mi bolsillo, la abro y se la muestro a Aiden. En su interior, relucen las monedas doradas que robé en la ciudad.

—¿Sabes lo que son estas monedas? —le pregunto mientras intento leer su expresión. En realidad ya sé la respuesta. Los ojos de Aiden se iluminan repentinamente con sorpresa al mirar las monedas. Las examina más de cerca y dice:

—Estas... ¿son las monedas de Eldaria, verdad? ¿La moneda de mi pueblo? ¿Y tienes una pequeña bolsa llena de ellas? —me mira como si no quisiera creer lo que está viendo y siento que mi pecho se oprime —¿Cómo lograste conseguir estas monedas? Son extremadamente raras y difíciles de conseguir incluso para un elfo.

—Sí, hay seis aquí. Necesito siete —explico mientras observo las monedas —Las robé a un tipo que las debe haber comprado en el mercado negro. Estoy segura de que hay personas tratando de recuperarlas... —digo dejando implícito el significado de eso. Veo la expresión de Aiden cambia a enojo y preocupación derramando un escalofrío por mi espalda. Su silencio hace que mi corazón se acelere y el miedo de empiece a apoderarse de mi. Hace una pausa por un momento, luego me mira a los ojos.

 —Denna, ¿sabes en qué lío te has metido realmente en este momento? —claro que sí, pero no tengo otra opción. Siento que voy a vomitar pero debo verme calmada si quiero que esto salga bien. Lo miro a los ojos mientras finjo una sonrisa de disculpa e intento verme arrepentida.

—Sí... lo sé. Pero las necesito —digo cuidadosamente mientras quiebro la voz para darle más realismo a mi acto. Hago una pausa, luego pregunto —¿Tienes alguna de estas en el campamento?

Ya está. La pregunta cuelga en el aire. Me late el corazón en los oídos y tengo la boca seca. Observo los gestos de Aiden mientras se toma un momento que parece una eternidad para responderme. 

—De hecho, sí tengo. No estoy seguro de si debería dártelas, sin embargo. ¿Para qué necesitas estas monedas? —ahí está. Suelto el aire que no me di cuenta estaba reteniendo y siento como la adrenalina empieza a dispararse en mis venas. Este encuentro fortuito se acaba de convertir en un punto de inflexión clave en mi futuro y la solución a mis problemas está al alcance de mis dedos. Al menos la solución a uno de ellos. Tengo que hacer un esfuerzo para no sonreír y quebrar la máscara que me he puesto. 

—Está bien, no esperaba que me dieras ninguna de ellas. Pertenecen a tu gente —digo suavemente con un tono humilde —Sin embargo, no puedo decirte por qué las necesito —agrego en voz baja. Me mira confundido y se inclina un poco hacia mí.

—¿Por qué no puedes decirme por qué necesitas las monedas? Realmente debería conocer tu razón. Y aunque no supiera por qué, tendría que contarle a mi padre que tienes esas monedas. Él es el rey y tiene derecho a saber por qué las tienes. Pertenecen a mi gente y a mi linaje, y no pueden estar dispersas a lo largo de las tierras —su tono ya no suena tan amable. Hace una pausa por un momento mientras considera sus próximas palabras. Luego agrega con voz firme —Necesitas decirme ahora mismo. O tendré que contarle a mi padre sobre estas monedas.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora