Capítulo LI: Trampa

82 23 5
                                        

Estoy rodeada de un vacío, excepto por el libro en mis manos. Se me escapa un jadeo de sorpresa y lo suelto como si hubiera tocado hierro caliente. En el instante en el que el libro pierde contacto con mis dedos, la oscuridad se disipa y vuelvo a estar en la Bóveda. Aiden me mira con los ojos muy abiertos, con una mezcla de confusión e incertidumbre. Estudia cada centímetro de mi rostro como si buscara una señal de que me hice daño de alguna forma.

—¿Qué sucedió? ¿Te dijo algo?

Frunzo el ceño aún sintiéndome confundida y extraña. Miro el libro que ahora yace a mis pies abierto de par en par.

—No estoy segura de lo que pasó... De pronto todo se puso negro, pero luego cuando lo deje caer volví aquí.

Mientras me explico, la expresión de Aiden va transformándose en una de profunda preocupación. Traga saliva muy despacio y mira la distancia como si estuviera intentando recordar algo.

—Aiden, ¿estás bien? ¿Qué sucede?

Menea la cabeza aún sumido en sus pensamientos y luego la ladea mientras observa las páginas abiertas. Entonces, con la punta de su bota lo cierra, exponiendo su portada. En perfecta sincronía, ambos nos agachamos para inspeccionarla con detenimiento pero ninguno vuelve a tocarlo. Se ve pesado y su tonalidad descolorida me hace pensar que debe tener milenios de antigüedad. Tiene una estrella plateada incrustada que se conecta con varios elementos más que no alcanzo a discernir. Varios están partidos o rotos.

De pronto vuelvo a escuchar como llama por mi nombre dentro de mi mente y todo mi cuerpo se siente extraño. Me recuerda a las eternas noches en las calles de Cipios donde pasaba días sin comer o beber nada y mi organismo comenzaba a sentir la desesperación. Mi mano parece actuar por voluntad propia cuando hago el intento de volver a tocarlo, pero Aiden es más veloz y me rodea la muñeca cerrando los dedos alrededor para detenerme.

—Denna, espera. Hay algo extraño aquí. Este libro... Siento que lo he visto antes.

—¿Cuándo? ¿También te habló?

—No a mí... A mi padre. Cuando era apenas un niño recuerdo haber visto una copia en el castillo. Estaba guardado en una sección a la que todos teníamos prohíbido ingresar excepto la Trinidad y, por supuesto, él mismo. —se vuelve a verme con una expresión que hace que se me erice la piel.

—¿Qué es la Trinidad?

—Los tres altos profetas de la Corte de mi padre. Ellos eran los encargados de leer el libro e interpretarlo para él. —de pronto tira de mí, haciendo que nos echemos hacia atrás con brusquedad. —No lo vuelvas a tocar. Es en extremo peligroso.

—¿Qué? ¿Por qué?

Abre y cierra la boca varias veces, como si estuviera eligiendo cada palabra que va a pronunciar con suma cautela.

—Mi padre siempre fue supersticioso, podría decir que incluso, un fanático. Todo su reinado se ha basado prácticamente en profecías. Siempre me decía que los augurios no debían ser tomados a la ligera y ha hecho cosas que cualquiera consideraría irracionales solo porque el libro lo decía. —menea la cabeza como si intentara ordenar un caudal de pensamientos dentro de su mente. —El punto es que hubo ocasiones en las que mi padre permanecía por días, ciclos sin dormir o comer solo por leer ese libro. Él proclamaba que le hablaba, que le decía cosas sobre su futuro, sobre el futuro de todos nosotros. Una de esas veces, estaba en un estado tan frenético que olvidó sellar el encantamiento de la entrada al ala donde mantenía el libro. Yo era un chiquillo curioso y lo seguí dentro, ahí fue cuando ví el libro por apenas un instante. Cabe aclarar que la reprimenda fue de las peores de mi vida. —traga saliva con dificultad y me atraviesa con la mirada. —Yo también oí su llamado en mi mente aquella vez, pero con el pasar de los años, creí que solo había sido cosa de mi imaginación. Recuerdo que me daba escalosfríos oírlo describir que era tragado por la oscuridad cuando se le revelaban los augurios y temía tocarlo por esa razón. Luego crecí y perdí ese miedo así como también comencé a crear mi propio sistema de creencias, y ese tipo de cosas no cabían allí..

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora