Capítulo XXXVII: Cassandra

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—¿Qué estás haciendo fuera de la habitación a esta hora? —el tono de Gaius es tan amenazador como su mirada. Está parado en las sombras con las manos detrás de la espalda, al reparo de uno de los balcones de las habitaciones del piso superior. La luz de los faroles se refleja en sus ojos y parte de su rostro, dandole un aspecto lúgubre. El escalofrío se intensifica al recorrer todo mi cuerpo. Hay algo muy inquietante en su semblante y juraría que no es la misma persona que conocí hoy. De pronto, recuerdo que es un no humano y el hecho me golpea como una tonelada de ladrillos. Mis instintos me gritan que estoy en peligro. Mis manos tiemblan y antes que pueda reafirmar mi agarre, la flecha se me escapa. Suelto un jadeo de sorpresa y abro los ojos con terror. Pero ahora sí estoy segura de que temerle a este tipo está bien: ha atrapado mi flecha en el aire a escasos centímetros de su rostro. Y no le ha gustado nada. 

Mira la flecha arrugando la nariz con disgusto y luego vuelve a mirarme ladeando la cabeza y frunciendo el ceño. A pesar de que la adrenalina se embebió en mi torrente sanguíneo y llegó a todas mis extremidades, estoy paralizada. Trago saliva con dificultad mientras intento procesar lo que acaba de suceder. En mi mente intento comprender cómo ha detenido la flecha a tan corta distancia. Nunca he visto reflejos tan agudizados, ni siquiera en Aiden. 

—¿Y bien? —su voz se siente como si me estuvieran poniendo un cuchillo en la garganta. 

—L-lo siento. Yo oí un ruido y baje a-

—No eres muy buena siguiendo instrucciones, ¿Verdad? —me dice entredientes y la cólera se derrama de su boca —Vuelve a tu habitación. Y no importa qué oigas, nunca vuelvas a salir de noche. No es tan difícil. La próxima vez, no seré tan civilizado con las represalias ¿Entendido?

Intento mantener la compostura y no demostrarle miedo, pero no estoy segura de estar lográndolo. Asiento lentamente. Después de un momento de escrutarme con la mirada, extiende la mano para devolverme mi flecha. Me quedo en mi lugar incapaz de moverme, esperando que de un paso hacia mí para entregármela y poder volver a mi cuarto, pero no sucede. Frunzo el ceño una fracción de segundo y ladeo la cabeza con curiosidad. El miedo que invadía mi cuerpo muta y se convierte en otra cosa. También extiendo la palma hacia él pero no hago el intento de moverme de mi lugar mientras lo desafío con la mirada. 

—¿Me devuelves mi flecha, por favor? —mi falsa cortesía oculta la incitación en mis palabras.

Tensa la mandíbula y ahora lo sé. No estoy en desventaja, ya no más. Da medio paso al frente pero no sale de debajo de la sombra del balcón. El atisbo de una sonrisa de victoria se escapa por la comisura de mis labios. Mi miedo se convirtió en poder. Sé que oculta algo, y estoy dispuesta a descubrir qué es y usarlo en su contra de ser necesario si intenta intimidarme de esta forma de nuevo. Pero no ahora. Gaius es la menor de mis preocupaciones en este momento y no pretendo ganarme un enemigo bajo el mismo techo donde dormimos. Doy un lento paso hacia él, saboreando este triunfo como si fuera mi última cena y sin romper contacto visual. Me freno tan cerca de él que puedo percibir su aroma a almizcle y jabón. El escalofrío vuelve a recorrer mi piel de punta a punta pero no dejo que se note. Tomo la flecha de su mano con parsimonia y le dedico una breve sonrisita condescendiente. 

—Buenas noches, Gaius. 

—Buenas noches, Denna. —se despide con un forzado tono neutral. 

Al darle la espalda para abandonar el patio e ingresar de nuevo al interior de la posada, aún siento sus ojos en mí. 

—Denna. —me vuelvo luego de unos pasos y lo miro expectante. —No vuelvas a salir de noche. ¿Fui claro?

Hago un esfuerzo consiente por no poner los ojos en blanco ni hacer ningún gesto de molestia y me limito a asentir. Entonces, con tres largas zancadas corta la distancia y se pone frente a mí. Juraría que era de mi altura pero ahora mismo parece más alto. Y amenazante. Me clava los ojos con una expresión severa y vuelve a atinar a tomarme del brazo. Me hecho hacia atrás a tiempo para evitarlo.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora