El silencio es un invitado más en nuestra mesa y su prescencia es tan arrolladora como un alud. El rostro de Gaius es una máscara teatral deformada por el dolor, y de pronto siento que estuviera metiendo las manos en sus entrañas, revolviéndolas solo con la intención de saber de qué están hechas. Pienso en cómo me prometió que me contaría su historia y luego no lo hizo, dejándome con cientos de preguntas. Toma un profundo respiro y apoya los codos sobre la mesa con parsimonia.
—Conocí a Bertram durante mi primer semestre en la Academia y como éramos ambos cambiaformas, conectamos instantáneamente. Nos convertimos en mejores amigos pronto. Bueno... más que eso... —sus palabras se desvanecen mientras hace una pausa para que captemos lo implícito en ellas. —En aquellos días, las cosas eran diferentes en la Academia y en Las Tierras. Éramos acosados constantemente por otros alumnos y la mayoría de los profesores nos miraban como si tuviéramos algún tipo de peste, así que al cabo de un tiempo, decidimos mantenerlo en secreto durante los siguientes años.
Ni Aiden ni yo nos atrevemos a movernos un solo centímetro. Inhalo y exhalo tan despacio como puedo, como si el sonido de mi respiración pudiera interrumpir este momento tan delicado. Por los ojos de Gaius parecen pasar todos sus recuerdos a la vez que intenta ordenar sus pensamientos y traducirlos en palabras. De pronto, una leve sonrisita se asoma por la esquina de sus labios.
—Solíamos escaparnos luego de clases para pasar tiempo juntos, a escondidas de los ojos entrometidos de aquellos que no comprendían lo que teníamos. Intercambiábamos mensajes secretos encriptados con hechizos para encontrarnos y ser... nosotros mismos. —suelta una risita triste que hace que mi corazón se encoja en lo que se desvanece. —Vivíamos constantemente paranoicos, ocultándonos en diferentes sitios recónditos, pendientes de pasar desapercibidos tanto como nos era posible. Era una pesadilla constante. Muchas veces sentíamos que solo éramos él y yo contra el mundo, sin nadie con quién contar. Pero afortunadamente, muchas veces había alguien más, casi como nuestro ángel guardian.
No puedo evitar fruncir el ceño cuando pronuncia esa palabra en particular. No quiero detenerme en ese concepto, pero me resulta chocante oírlo fuera de los pequeños pueblos donde la gente es increíblemente ignorante y supersticiosa.
—Una noche, un grupo de imbéciles nos encontró tomados de la mano con Bertram en unos de nuestros escondites sobre el tejado de la Academia. Eran un par de cíclopes tres veces nuestro tamaño. Casi nos matan a golpes... pero fuimos salvados por nuestro mejor amigo. Era un elfo, igual que tú, Aiden. —lo mira con los ojos vidriosos y por un momento me da la sensación de que busca en su rostro rasgos familiares.
Pensaba que la similitud entre todos los elfos siempre había sido algo superficial desde mi perspectiva. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que confundir sus nombres o parentescos es como toparse con el brote de un árbol, ajena a cuantas raíces ha hechado bajo la tierra. La voz de Gaius al continuar me saca de mi ensimismamiento.
—Era la persona más pura que he conocido. Siempre defendía a los débiles como nosotros. Era un mago increíble, el más poderoso que he visto jamás incluso para su edad, y luchó contra los cíclopes sin vacilar. No dudó incluso sabiendo las posibles consecuencias de sus actos. Logró usar magia para atacarlos, destrozando por completo el sello que nos impedía utilizarla sin supervisión. Estuvo muy cerca de matarlos... Pero a pesar de estar sediento de venganza, los dejó vivir y me salvó la vida. —se sorbe la nariz y luego, con extrema delicadeza, saca de su bolsillo un pañuelo de tela bordado con listones. Lo usa en silencio mientras se le escapan algunas lágrimas. Tenso la mandíbula para mantenerme con una expresión neutral. Toma dos suspiros antes de proseguir con una voz cargada de angustia. —Cuando nos atacaron, intentamos defendernos, pero en medio del forcejeo, Bertram cayó desde el tejado. Eso son más de tres pisos de altura. Yo quedé tendido a un lado, con el rostro tan desfigurado que apenas podía ver lo que sucedía alrededor. Me fracturaron el rostro en varias partes, yo mismo me había desrtozado una mano a puñetazos y una de mis costillas había perforado un órgano. Aún puedo recordar el sabor de la sangre en mi boca que brotaba sin control, ahogándome. Apenas podía respirar o pensar con claridad. Lo único que me mantenía consciente, era la incertidumbre de saber si Bertram estaba bien.
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Trazando sigilos | #CopaFenix2025
FantasyEl tiempo se está acabando para Denna y se queda sin opciones. El rumor de un misterioso nigromante conocido como "El Gris", la lleva a comenzar un viaje a través de las tierras pero se encuentra con un contratiempo: Aiden, un elfo. A pesar de no c...
