Capítulo LII: Memoria

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Cada pisada del decano reverbera en lo más profundo de mi pecho como si estuvieran sellando mi féretro. No puedo hilar ningún pensamiento coherente, excepto por la noción de que en todos mis años de vida jamás he sentido un terror tan paralizante. Los ojos de Doomethius se clavan en mí mientras enseña los dientes al gruñir. Tengo que moverme, tengo que hacer algo, tengo que sacarnos de aquí. Una fugaz idea cruza mi mente pero la descarto al instante. Es demasiado peligroso, hay demasiadas variables, demasiados estímulos que no me permitirían concentrarme. Y si fallo... ni siquiera me atrevo a pensar en los posibles desenlaces.

—Príncipe Aiden... Me decepciona tanto que nos volvamos a encontrar así. Siempre lo tuve en alta estima pero parece que los años lo han perjudicado. —el hecho de que me esté tratando con tanta formalidad hace que un escalofrío me recorra la columna. —Creí haber sido claro la última vez acerca de las consecuencias de sus actos, pero veo que no he sido lo suficientemente... severo.

Oigo un sollozo de Denna a mi lado y lucho contra mis músculos tensos para volverme hacia ella. El corazón se me detiene por una fracción de segundo al ver su rostro. Está pálida y con los ojos vidriosos, con los labios separados como si luchara por respirar. Tengo que sacarnos de aquí. De pronto el decano ladea la cabeza para mirar por sobre mi hombro. Chasquea la lengua con deleite mientras aparenta una expresión seria, pero un fantasma de satisfacción atraviesa su semblante, delatándolo por un segundo.

—Profesor Clawald... Gracias. Si no fuera por su precario control de emociones, jamás hubiera atrapado a estos dos delincuentes aquí abajo.

Comienzo a sentir una ira hirviendo en mi estómago como si se tratara de una forja al rojo vivo. Muy en el fondo sé que quizás merezca ese título ahora, pero no quiero aceptarlo. Me niego a ser rebajado de esta manera. Otra parte de mí me dice que esto son tan solo las consecuencias de mis propias acciones. Recuerdo las palabras de Denna en el campamento. No hay cosas correctas o incorrectas. Solo desiciones y consecuencias.

—Tu patético llanto es como un cordero desangrándose frente a una jauría de lobos. —continúa hablándole y su breve distracción me da un pequeño márgen para lograr mover mis músculos un poco y dar medio paso hacia Denna. —Lo que no comprendo, es esa maníaca risa que le siguió luego. Tanto gozo, tanto alivio... casi me causa curiosidad. Pero ahora mismo, tengo cosas más importantes de las cuales ocuparme.

Vuelve su atención a nosotros y con pasos calculados, se acerca tanto a mi rostro que puedo percibir su gélido aliento contra mi piel. Clavo mis ojos en los suyos pero el reflejo que me devuelve ese vacío negro, es el de un elfo atemorizado. Por más que lo intentara, no podría intimidarlo ni hacerlo retroceder.

—La Academia tiene severos castigos estipulados para alumnos que rompen las reglas-

—¿Cómo borrarles la memoria?

Doomethius abre los ojos de par en par al igual que yo cuando la voz de Denna rompe el silencio. Es apenas un susurro y sus palabras salen entrecortadas pero se oyeron claramente. El íncubo se agacha para quedar a su altura y la atraviesa con los ojos mientras le enseña los colmillos.

—¿Cómo dijiste, humana? —gruñe tan cerca de su rostro que roza su nariz con la de ella y su aliento la hace pestañear.

El corazón me late dolorosamente en la garganta y siento tanto terror como admiración por Denna ahora mismo. No puedo entender cómo logra siquiera formular una oración en un momento como este. Una vez más, me recuerda que no soy tan fuerte como creo que soy. Al menos no mentalmente. Noto por el rabillo del ojo que las lágrimas amenazan con escapársele pero lo fulmina con la mirada, como si no tuviera Alma en absoluto. La sola idea me hace estremecer.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora