Capítulo III: Errante y Bromista

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Me sobresalto al notar que el elfo me ve y trato de alejarme lo más rápido posible. Luego de un par de metros adentrándome en el oscuro bosque, oigo un par de pisadas seguirme y una voz a mis espaldas.

—Por favor, no tengas miedo. Únete a nosotros, hace demasiado frío aquí afuera para estar completamente sola.

Me detengo un momento y me giro para encontrarme a uno de los elfos tendiéndome la mano con cautela. Apenas puedo distinguir su rostro en la oscuridad. Miro su mano con una expresión severa y luego lo miro. No estrecho su mano.

—No te tengo miedo, pero tampoco confío en ti.— le digo cortante y luego miro sobre su hombro, hacia el campamento. —Estoy en desventaja, ustedes son un grupo.

Al elfo parece no importarle.

—Como quieras, pero por favor, trata de calentarte. Te enfermarás aquí afuera, completamente sola.

Me observa por un momento, y a sus espaldas veo a varios de sus compañeros observando la interacción desde la distancia, curiosos al respecto. Miro a los otros elfos con una expresión molesta. Luego, doy un paso atrás.

—Estaré bien —digo y me alejo de él nuevamente.




Observo a la curiosa muchacha con expresión confundida y me giro para encogerme de hombros hacia mis camaradas en el campamento. Vuelvo mi mirada a la figura de la humana que camina a toda velocidad adentrándose en el bosque y me río para mis adentros. Los humanos son tan extraños. Mis zancadas son largas y me toma poco tiempo alcanzarla.

Por favor, hace frío aquí afuera, y no quiero verte enfermar le digo suavemente pero ella se sobresalta y abre los ojos de par en par. Me detengo con sorpresa y le enseño mis palmas en un gesto de inocencia, pero solo logro molestarla.

Si sigues persiguiéndome, te perderás, elfo me ladra y no puedo evitar una risita por lo bajo.

Apenas mide poco más de un metro sesenta y, sin embargo, se comporta como si pudiera hacerme frente. No puedo evitar mirarla con fascinación por un momento.

No me perderé le respondo observándola con cautela, Pero tú claramente sí. Este bosque es gigante y está desierto y lleno de peligros; no es un lugar para que la gente esté completamente sola.

Noto como me mira confundida y desconfiada. Sus ojos son intensos y su lenguaje corporal se asemeja a un animal acorralado. Mi expresión se mantiene serena.

¿Por qué te importa? ¿Qué quieres de mí?

Da un paso atrás, poniendo algo de distancia entre nosotros. Su movimiento me toma desprevenido y doy un paso hacia ella despacio. Es como un pequeño pájaro asustadizo. No puedo evitar reírme de sus preguntas. La naturaleza del ser humano es recelosa, pero esta muchacha parece ser el exponente de ello.

No quiero nada de ti. Solo me preocupa tu seguridad. Solo ven un rato a calentarte en el fuego y comer algo. ¿Por favor? —aunque probablemente no me crea, estoy siendo sincero.

Han pasado cosas terribles en este bosque los últimos meses y me odiaría a mí mismo si dejase que otro inocente muera sin poder hacer nada al respecto. Le doy un momento para considerar mi oferta en silencio mientras la miro de arriba a abajo. Me pregunto que hace una chica sola tan adentrada en el bosque en la mitad de la noche. Después de lo que parece una eternidad, por fin acepta. Su tono no suena amable, pero al menos ya no me da la sensación de que podría apuñalarme en cuanto le dé la espalda. Asiento y le hago un gesto para que me siga de vuelta al campamento mientras sonrío conforme.



El elfo me conduce hacia el gran grupo sentado alrededor de la fogata, y veo que varias caras se vuelven hacia mí. Algunos me miran con curiosidad y noto que están sorprendidos de verme de vuelta. Uno que lleva un peinado elaborado me sonríe al hablarme.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora