Capítulo LXII: Reencuentros

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Todo se escucha lejano, como si pasara a través de una densa masa de agua. No siento nada, o quizás lo único que puedo sentir es dolor. Punzante y sordo. Caliente y helado. Me atraviesa el pecho, pero lo siento en cada centímetro de mi cuerpo. Pestañeo algunas veces intentando procesar lo que veo: copas de árboles tan verdes y llenas de vida en un irónico contraste a mí mismo. El familiar cosquilleo de la magia de este lugar corretea bajo mi piel por un instante. El Robledal Esmeralda. Estamos aquí de nuevo. Una punzada aguda me hace estremecerme. Si no fuera por el dolor, dudaría de si mis ojos me engañan.

Escucho un gimoteo. Nimbus. El viento a través de las hojas meciéndolas. El susurro de voces desconocidas y antiguas. La voz de Denna es apenas un eco distante. No puedo girar la cabeza para encontrar su rostro, pero por el rabillo del ojo veo sus movimientos frenéticos. Al intentar moverme, noto que no siento el brazo izquierdo. Cierro los párpados con fuerza mientras le pido a las Estrellas no haberlo perdido.

—¡Aiden...! ¡Aguanta, por favor! ...

Sus palabras se oyen arrastradas y confusas, pero sé que no es ella, soy yo.

—Denna... —me sorprendo al notar el esfuerzo que me lleva siquiera pronunciar su nombre ahora. Estoy cansado.

Entra en mi campo de visión, creo que está arrodillada a mi lado. El miedo y la angustia que veo en sus ojos producen un dolor en mi corazón que supera al de la herida. Cuando repito su nombre, me ahogo y toso. El rostro de Denna se transfigura y no me lleva mucho deducir que está viendo lo que yo siento. Mi lengua se estremece ante el sabor oxidado de mi sangre.

—No hables, quédate quieto. Tengo que-... —alza la mirada y recorre todo a su alrededor. No creo que sepa lo que está buscando. Tampoco yo. —Tengo que encontrar ayuda.

Su mano se aferra a mi camisa pegajosa y percibo que tiembla como una hoja seca sacudida por la brisa. Una mancha blanca se acerca por su derecha y le da un leve tope. Nimbus. Ella lo aparta con suavidad. Cierro los ojos un momento para concentrarme. Recuerdo que el monstruo me dio un zarpazo cuando no lo estaba viendo. Es una herida extensa. Intento mover el brazo izquierdo y me alivio al percibir que aún lo conservo, aunque no pueda controlarlo demasiado. Eso significa que el corte llegó hasta los músculos del hombro, al menos. Puedo cerrar el puño derecho, eso es bueno. La sangre que sube por mi garganta es mala, muy mala. Doy una bocanada profunda y ahora estoy seguro de que algo anda mal. Un silbido apenas audible sale de cada respiración que doy. Tengo poco tiempo.

Denna se incorpora de repente y creo ver que toma al lobo de la cabeza para apoyar su frente. Ambos sollozan. Luego, vuelve a arrodillarse junto a mí y mi corazón se salta un latido cuando me toma la mano con fuerza mientras acerca su rostro al mío.

—Por favor, aguanta Aiden. Iré al pueblo, buscaré ayuda, pero tú aguanta, por favor. —los músculos de su cuello se tensan cuando se esfuerza por no llorar. Es tan hermosa, incluso en este momento. —Volveré pronto, lo prometo, volveré a ti. ¿Sí? Solo, por favor- aguanta.

Cuando me suelta la mano quiero retenerla pero mis fuerzas no son suficientes. Se incorpora y se acerca a Nimbus. Todo se vuelve borroso y aletargado.

—Denna... —debo repetirlo, debe saberlo, aunque mi propia voz sea apenas un fantasma. —Denna... te amo...

La adrenalina recorriendo mis extremidades es lo más real que siento ahora mismo. Todo lo demás es un sueño, una pesadilla, no puede ser cierto. El Aiden tan lleno de vida y alegría no puede estar muriendo frente a mis ojos. No puede ser que el mismísimo Gris me haya robado mis monedas. No puede ser que después de tanto esfuerzo y sufrimiento me haya quedado sin esperanzas para salvar mi vida.

Trazando sigilos | #CopaFenix2025Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora