5 de enero de 2024
En vísperas de su boda, Gunther era un mar de nervios, lo que a Max divertía sobremanera, hasta que se pensó a sí mismo en esa situación y lo comprendió al instante. Él, sin duda, se sentiría igual, ¿acaso ya no estaba nervioso por una mujer? "Ella". A la que no veía desde hacía dos días, por decisión propia, haciendo de su vida un verdadero infierno.
—¿Qué tal? —Gunther se paseó por el salón en su inmaculado traje de etiqueta.
—Te queda perfecto.
—Vaya, ¡qué entusiasmo! —Rio Gunther—. Ya sé que no soy tu tipo, pero al menos podrías estar más concentrado y mentirme diciéndome que, si no fueras heterosexual, te parecería demasiado atractivo...
Max soltó una carcajada, y Gunther también rio con ganas. Luego el príncipe lo observó con más detenimiento y le aseguró que estaba muy guapo y que Vera se sentiría muy feliz cuando lo viera esperándola en el altar. Acto seguido, no pudo evitar pensar en Kitty y en que ella nunca podría vivir esa experiencia, nunca podría decirle que se ve guapo... Y algo como eso, tan simple, volvió a ensombrecer su ánimo de manera definitiva.
Gunther entró tras un biombo a fin de cambiarse de ropa. Se hallaban en el vestidor de su casa, un amplio salón en donde Max estaba acomodado en una butaca de factura antigua.
—¿Llamaste a Lisa? —le preguntó Gunther desde su sitio.
A su mejor amigo no había podido esconderle sus planes, así que enseguida le contó que ya tenía el número de la doctora.
—No —respondió.
—Estabas muy decidido...
—Lo sé, pero luego me pregunté qué le diría y mi mente se puso en blanco.
—Eso depende —replicó Gunther —. Si te interesara Lisa en un plano romántico, podrías decirle que no ha pasado nada con su hermana y que tan solo son amigos. Si es Kitty la que realmente te interesa, pues le dices a Lisa que, a pesar de la bonita cita que tuvieron y de la química tan buena, es su hermana quien está en tus pensamientos. La pregunta es muy sencilla —repuso el hombre saliendo ya vestido tras el biombo—. ¿Lisa o Kitty?
Y la respuesta de Max fue tan rápida y convincente, que él mismo se sorprendió de la certeza de sus sentimientos.
—Kitty.
Gunther le sonrió y batió palmas.
—Bueno, pues ya lo sabes. Es bien fácil entonces.
—Llevo dos días sin ver a Kitty, porque yo mismo lo decidí así. Creía que la distancia me haría ver con claridad lo que siento por ella. Tenía la impresión de que está costumbre que había desarrollado de pasar tiempo con ella era la responsable de mi apego. Lo cierto es que en estos dos días no he dejado de pensar en ella y siento que me voy a volver loco si no voy a visitarla... —confesó.
—¿Y por qué no se lo dices?
—No creo que sea prudente. A veces creo que ella está sintiendo lo mismo por mí, pero luego me rechaza... No lo sé. Le prometí que sería siempre su amigo —añadió.
—Pues haz todo lo que un amigo enamorado haría y, cuando no tengas ya duda de sus sentimientos, la relación seguirá el cauce que esperas, con una Kitty segura y convencida de tus sentimientos.
—Yo no estoy enamorado —se quejó.
—Pues tienes un doble problema. El primero, el que no reconozcas que, si sigues así, terminarás irremediablemente enamorado. El segundo es que Kitty no aceptará nada contigo en otros términos. Ella no será una mujer más en tu vida y eso, amigo mío, es un riesgo que deberás asumir.
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Corona de nieve
RomanceMaximilien Josep Louis -Max-, Príncipe de Liechtenstein, nunca se ha enamorado. Su fama de casanova es más que conocida, aunque a él parece no preocuparle demasiado. Mientras llega su turno de asumir como Jefe de Estado, pretende divertirse cuanto p...
