24 de marzo de 2025
Había llegado el gran día. Kitty se hallaba en casa de su madre en Vaduz, aguardando para la ceremonia. Julie ladró alegre cuando la vio vestida de novia: ella también sabía que era un día especial.
—Estás preciosa —le dijo su madre con lágrimas en sus ojos—. ¡Estoy tan feliz y orgullosa de ti! Y no lo digo solo por el matrimonio, sino por todo lo que has logrado en este tiempo. El amor sin duda hace mucho bien.
—Gracias, mamá —contestó Kitty con una sonrisa. Era cierto lo mucho que había cambiado: de vivir únicamente para el deporte y aislada como una perla en su ostra, Kitty llevaba ahora una vida más que plena.
—Yo también creo que eres una novia hermosa —añadió su padre con un nudo en la garganta, por las emociones contenidas—. Max me ha llamado, nervioso, unas tres veces. La última tuve que olvidarme del protocolo y decirle que no me llamara más, que por nada de este mundo te echarás atrás... —añadió riendo.
Kitty se rio también. Al parecer Max, estaba más nervioso que ella.
—Y a mí me ha llamado par de veces también —repuso Rudolf, quien recién había entrado a la estancia—. Sin duda está loco por verte y, a juzgar por lo bella que estás, quedará impresionado y llorando en el altar. De eso no tengo la menor duda.
Kitty se ruborizó. ¡Hubiese dado cualquier cosa por verse, pero sobre todo por ver a Max! Reprimió el dolor que le causaba aquel pensamiento y se centró en las muchas razones por las cuales debía sentirse una mujer más que afortunada.
—¿En serio no me noto embarazada? —preguntó. Max y ella habían logrado esconderlo de la prensa en las semanas previas a la boda.
—No —respondió su madre—, no se nota. Además, el vestido disimula muy bien tu abdomen.
—Me alegro. Estaba preocupada por eso. Es que un embarazo gemelar es difícil de ocultar —repuso Kitty riendo.
Un ecografía había revelado que Kitty estaba embarazada de gemelos, tras una división espontánea del óvulo fecundado, por lo cual se trataban de dos bebés idénticos, aunque aún no conocían el sexo. Aquella noticia había llenado de felicidad a todos. ¡Dos hijos! Era más de lo que Kitty hubiese soñado alguna vez... Así que cuando escuchó latir sus corazones por primera vez, se enamoró aún más de sus hijos.
Lisa, la última que faltaba por aparecer, se reunió con su familia en el salón, tras haber solventado una emergencia médica propia.
—¡Kitty! —exclamó—. ¡Estás radiante!
—Gracias, Lisa, estoy segura de que tú también. No podría tener mejor dama de honor. ¿Te sientes bien?
—Sí, ya. ¡Estoy lista para partir!
Lisa había recién descubierto que también estaba embarazada. Lo supo por su malestar estomacal. A diferencia de Kitty, estaba presentando algunos vómitos, lo cual era natural en el primer trimestre.
Todos en la familia estaban muy contentos con esa noticia también. Rudolf se congratulaba de "haber anotado enseguida", y Max, que le encantaba competir con él, lo molestaba diciéndole que él también "había anotado a la primera, y por partida doble".
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La Catedral de San Florián se había vestido de largo para el matrimonio de Su Alteza Real el príncipe Maximilian y la señorita Katherine Meyer. Ya todo estaba dispuesto para la ceremonia. Max se hallaba de impoluto chaqué, de pie en el altar, acompañado por Gunther. Vera, su querida amiga, había dado a luz a una niña apenas unos días atrás, pero no se había perdido la ceremonia: allí estaba, dándole todo su apoyo.
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Corona de nieve
RomanceMaximilien Josep Louis -Max-, Príncipe de Liechtenstein, nunca se ha enamorado. Su fama de casanova es más que conocida, aunque a él parece no preocuparle demasiado. Mientras llega su turno de asumir como Jefe de Estado, pretende divertirse cuanto p...
