Algunos meses después.
4 de agosto de 2024
Era una mañana de agosto preciosa. Julie se subió en la cama y despertó a Max y a Kitty con saltos y pasándole la lengua a ambos. Max le acarició la cabeza y la bajó. Kitty le dio un beso a Max y luego se arrodilló en el suelo para recibir el cariño de su niña de casi nueve meses. Había crecido mucho y era muy cariñosa e inteligente. Asimismo, estaba siendo entrenada como perro de asistencia y hasta la fecha había aprobado todas las evaluaciones.
—¿Quién es la Julie linda de mamá? —preguntó mientras la acariciaba.
Max sonrió ante la tierna imagen. Adoptar a Julie había sido la mejor de las decisiones y, sin pretenderlo, había desarrollado en Kitty una especie de amor maternal que le agradaba. Por supuesto que no era igual que tener a un bebé, pero Kitty había descubierto que no tenía realmente impedimentos para cuidar de ella personalmente.
Los meses que habían pasado juntos no podían haber sido mejores. Kitty y él se llevaban de maravillas, y apenas nada ensombrecía la cotidianidad de su amor. En ocasiones Max debía viajar por cuestiones de trabajo y de su vida pública, y Kitty lo esperaba en casa.
Ella, a su vez, estaba muy involucrada con el trabajo de CamVision. Había realizado campañas y anuncios publicitarios para la firma, así como charlas y entrevistas sobre la utilidad de las gafas para invidentes. La esquiadora había encontrado un gran espacio de desarrollo profesional con la compañía para la cual trabajaba como asesora.
Asimismo, habían desarrollado ya varias juntas con motivo de las gafas deportivas. Estaban trabajando con un prototipo inicial, que se probaría en pistas azules o verdes de menor riesgo, una vez que pasara por las pruebas de seguridad correspondientes. Todavía faltaría algo de tiempo hasta diseñar unas gafas para competición de élite, pero Kitty sabía que este era el primer paso.
CamVision tenía pensado lanzar las gafas deportivas en el año 2025, así que previo a ello, Kitty haría una demostración de su utilidad, ya que era su esquiadora estrella y modelo oficial de la marca. Max no podía estar más orgulloso y Rudolf también.
El pelirrojo había sido parte activa en las juntas, aportando todo su conocimiento como experto guía, a fin de lograr el mejor de los diseños. Lisa, quien había regresado de Sudáfrica unos meses atrás, ya vivía con Rudolf y eran muy felices.
Charlotte también compartía su vida entre Vaduz y Ginebra. Su segunda oportunidad con Alex estaba siendo buena y, aunque no tenían prisas, tanto Lisa como Kitty estaban muy contentas de que todo estuviera resultando para ellos.
—Amor, ¿desayunamos ya? —La voz de Kitty despertó al príncipe de sus cavilaciones.
—Sí, tienes razón, cariño. Se nos hace tarde.
La pareja se dirigió a la cocina. Les aguardaba un día intenso y muy importante. El príncipe en especial intentaba minimizar su ansiedad. Finalmente se haría realidad su deseo de entregarles a los niños y jóvenes invidentes de Liechtenstein un dispositivo CamEye, como el que Kitty poseía, libre de costo. Asimismo, Kitty tendría un lugar importante en ese día, pues compartiría con el grupo de chicos su experiencia con el uso de las gafas y les hablaría de su historia personal, vinculada al deporte.
—Desde que te conocí, tuve la idea de que hicieras esto. Luego surgió la oportunidad de entregarles la CamEye, así que me siento muy contento de poder estar viviendo esto juntos.
—Estoy algo nerviosa —confesó la esquiadora mientras comía—. No soy muy buena hablando en público.
Max le tomó la mano.
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Corona de nieve
RomanceMaximilien Josep Louis -Max-, Príncipe de Liechtenstein, nunca se ha enamorado. Su fama de casanova es más que conocida, aunque a él parece no preocuparle demasiado. Mientras llega su turno de asumir como Jefe de Estado, pretende divertirse cuanto p...
