capitulo treinta y seis

78 18 0
                                        

NO SUPO EN QUE MOMENTO FUE QUE SE QUEDO dormido, pero termino despertándose al sentir que su teléfono vibraba.

Con una queja, estira el brazo y tantea, buscando su celular, cuando lo encuentra lo toma y lo acerca a su oído.

¿Que quieres?

¿En donde estas? Ya te mandé la ubicación.

Me acabo de despertar, cabron.

¿¡Qué!? No te voy a esperar a que estés listo.

Bueno.

¡Apúrate que aquí te espero!

Hirving cuelga la llamada y se resigna. Mira la hora en su teléfono y se levanta de la cama con pesadez.

Intenta escuchar a través de la puerta si había algún sonido que le revelará si su tía estaba en casa o se había ido.

Cuando está seguro de que no hay nadie, sale lentamente y mira a su alrededor.
Revisa la casa para estar seguro y cuando está convencido, toma su ropa y entra al baño para tomar finalmente una ducha.

Toma su maleta y decide ordenarla, todo con tal de hacer tiempo y hacer esperar más a Diego.

Cuando ya pasaron cuarenta minutos, decide que ya es buena hora y pide un Uber.

Ignora la mirada extraña que le da el chófer, ya tantas semanas así como niño y era imposible que se fuera a acostumbrar.


Con el tráfico de la ciudad, se tarda más de treinta minutos en llegar.

— ¡Aquí! — grita Diego, levantando la mano y sacudiendo la para que notará que estaba en esa mesa.

— ¿Qué me vas a pichar? — es lo primero que le dice.

— Tu pide lo que quieras.— hace una mueca sin intentar negarle la orden, porque

— ¿Qué haces aquí? — le pregunta Hirving, después de ordenar su comida.

— ¿Aquí? Quiero comer.

— Eso no, aquí en México.

— Ahh, vine a hacerte compañía.— sonríe sin mostrar los dientes.

— No la quiero.

— ¿No sabes lo difícil que fue encontrar un vuelo para México? Todos estaban llenos, valoralo cabron.

— No te dije que vinieras.

— Me salió carísimo.— lo ignora, haciendo como que no lo había escuchado.

— Me vale madres.

— Memo se agüito, cabron.

Hirving baja la mirada. Esa pizca de culpabilidad aún lo seguía, cuando intentaba convencerse de que no había razón, aún seguía pensando en él.

— ¿Por qué te fuiste solo? Eh.

Cuando Hirving se queda callado, ignorando su pregunta, Diego continúa.

— Hirving, te estoy hablando.

— ¿Qué quieres que te diga? — se queja, alzando la voz.

— Que me des una explicación, no puedes estar solo así como un niño...— Hirving abre la boca, apunto dedefenderse, cuando Diego no le da la oportunidad.— Si, eres y adulto y toda esa madre, pero, ¿Tu crees que eso importa si alguien te ve en la calle solo? Podría pasarte algo.

¡𝗵𝗼𝗹𝗮, 𝗺𝗮𝗺𝗮́. 𝘁𝗲𝗻𝗴𝗼 𝘂𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗽𝗮𝗽𝗮́!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora