𝟒𝟎

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"𝐓𝐫𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐚𝐫 𝐮𝐧 𝐬𝐞𝐜𝐫𝐞𝐭𝐨 𝐬𝐢 𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭á𝐧 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐚𝐬".

—𝐁𝐞𝐧𝐣𝐚𝐦í𝐧 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐤𝐥𝐢𝐧.


Al día siguiente, por la tarde, ya estábamos de vuelta en casa.

No había dicho ni una palabra a Kaia sobre la foto. Cada vez que pensaba en ella, un nudo se me hacía en el estómago. Sentía que era algo que debía hablar directamente con Heist, a solas. No quería preocupar a Kaia y al resto de la familia hasta no tener claro qué significaba todo aquello.

Pero no podía evitar tener un mal presentimiento.

Por más que conociera a Heist... por más que confiara en él desde hacía meses...

¿Y si en realidad no le conocía tan bien como creía?

¿Y si esa foto significaba algo más?

¿Y si... tenía algo que ver con las muertes?

Negué con la cabeza. No quería pensarlo. Pero la duda estaba ahí, punzante, como una espina que no podía arrancarme.

Respiré hondo y me dirigí hacia el gimnasio de la casa. A esas horas, él solía estar allí entrenando.

Efectivamente: al empujar la puerta entreabierta, lo vi.

Heist estaba en el suelo, haciendo flexiones con un ritmo firme, sin camiseta, los músculos tensándose con cada movimiento. Su respiración era lo único que rompía el silencio del lugar.

Sobre uno de los bancos cercanos descansaba una camiseta de tirantes negra.

Me quedé un segundo quieta en el umbral, juntando el valor que necesitaba para iniciar esa conversación.

Di un paso dentro.

—Tenemos que hablar —dije, intentando que mi voz sonase firme, que no se notase mi nerviosismo.

Heist se detuvo. Apoyó las manos en el suelo un segundo más antes de incorporarse. Pasó una mano por su pelo rubio, empapado de sudor, despejándose la frente. La mirada se le suavizó al verme.

Me acerqué, cogí la camiseta del banco y se la lancé.

—Póntela —murmuré, mirando al suelo.

Él atrapó la camiseta al vuelo, sorprendido. Una pequeña sonrisa asomó en su rostro.

—Qué mandona —comentó mientras se la pasaba por la cabeza.

Cuando ya se había puesto la camiseta, levanté la mirada, respiré hondo y solté lo que llevaba horas dándole vueltas en la cabeza.

—En la casa donde estuve ayer con las Iluminadas... —dije, sintiendo cómo todo mi cuerpo se tensaba— vi una foto tuya con Jessie, Sophia y otra chica más. Así que... ¿no tienes nada que contarme?

Heist se quedó completamente quieto. Vi cómo la relajación de sus hombros desaparecía de golpe y su expresión se volvía dura, casi cortante.

—Perdona... ¿me estás acusando de algo?

Me obligué a no apartar la mirada, aunque me ardían las mejillas de los nervios.

—Heist... no puedes negar que es muy sospechoso que conocieras a casi todas las chicas que han muerto en este maldito pueblo. Así que te lo voy a preguntar una sola vez: ¿tienes algo que ver con sus muertes?

𝗨𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗣𝗼𝘀𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻 |𝗙.𝗦|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora