𝟑𝟓

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"𝐋𝐚 𝐜ó𝐥𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐨 𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐞 𝐬𝐚𝐛𝐞𝐫 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐲 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐚ú𝐧 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐦𝐨𝐬."

—𝐀𝐫𝐭𝐡𝐮𝐫 𝐒𝐜𝐡𝐨𝐩𝐞𝐧𝐡𝐚𝐮𝐞𝐫.


𝐅𝐑𝐄𝐘 𝐒𝐓𝐄𝐈𝐍

Cuando, después de un par de horas entrenando, entré en mi habitación, lo que vi hizo que todo el tiempo que había pasado en el gimnasio intentando calmarme no sirviera de absolutamente nada.

Eve estaba sobre Heist, en el suelo, abrazada a él. Pero eso ni siquiera fue lo que más me enfureció.

Las manos de Heist estaban metidas apenas por debajo de la camiseta de Eve, en su cintura, tocándola.

Solo yo podía tocarla.

Solo yo podía estar así de cerca de ella.

Dejé que la puerta golpeara con fuerza el marco, dando un portazo que resonó en toda la habitación. Ambos se despertaron de golpe.

Fue entonces cuando me di cuenta de que, junto a ellos, había una botella de alcohol prácticamente vacía.

Los dos se incorporaron al instante y se pusieron de pie.

—Tío, no es lo que parece, déjame explicártelo... —empezó a decir Heist, pero solo consiguió que mis ganas de matarlo aumentaran.

Sin pensarlo demasiado, avancé hacia él e ignoré por completo todas las súplicas y explicaciones de Eve. Mi puño impactó de lleno contra la mandíbula del imbécil de mi hermano.

La sangre comenzó a brotar de su labio inferior. No le dejé reaccionar: lo agarré por las solapas de la camisa y lo arrastré fuera de la habitación antes de dar otro portazo igual de fuerte.

—Frey, por favor, no es lo que parece, yo... —intentó decir Eve, pero me importó una mierda.

Recorrí su cuerpo con la mirada y luego la miré directamente a los ojos.

—Túmbate en la cama —espeté con dureza. Y, al ver que no se movía, me acerqué, tomé su rostro entre mis manos y repetí—: Ahora.

𝐄𝐕𝐄𝐋𝐘𝐍 𝐒𝐓𝐄𝐈𝐍

Frey estaba enfadado. Muy enfadado.

Sujetó mis mejillas con fuerza, mirándome a los ojos con una frialdad que se mezclaba con una pizca de deseo.

Me alejé con cuidado de él para desvestirme. Quitándome el jersey y los pantalones, dejé al descubierto el conjunto de lencería negra que llevaba, bajo su atenta mirada.

A continuación, me dirigí a la cama y me tumbé en el centro.

Frey se sentó en el borde y me agarró del brazo para colocarme sobre sus piernas, boca abajo. Sentí su mano recorrer mis nalgas sobre la lencería y respiré hondo. De repente, la palma de su mano impactó contra mi trasero y sentí cómo la piel me ardía.

Dolió, pero al mismo tiempo me excitó de una forma extraña.

—Comienza a contar —dijo Frey mientras me golpeaba el trasero otra vez.

—D-Dos...

Su fría y dura mano volvió a golpear mi piel.

—Tres.

𝗨𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗣𝗼𝘀𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻 |𝗙.𝗦|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora