"𝐃𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨 𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐭𝐮 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨."
—𝐖𝐢𝐥𝐥𝐢𝐚𝐦 𝐒𝐡𝐚𝐤𝐞𝐬𝐩𝐞𝐚𝐫𝐞.
Habíamos llegado al cementerio en un silencio casi absoluto. La noticia de la muerte de Pilar había corrido como la pólvora por el pueblo, y nadie se lo esperaba. Nadie imaginaba que las tragedias pudieran acumularse tan rápido, que las muertes siguieran una tras otra sin dar respiro.
Pilar al parecer era uno de los miembros más queridos del pueblo y de la iglesia, alguien que siempre estaba al pie del cañón en cada actividad, cada ceremonia, cada gesto de caridad. Su pérdida golpeaba fuerte, y se notaba en cada rostro del pueblo.
Mila, Adam, Kaia, Heist, Frey y yo llegamos juntos al cementerio. Llevábamos un aspecto que, para nosotros, no parecía extraño: nos habíamos puesto vestidos rojos Mila, Kaia y yo, y los chicos trajes negros con corbatas a juego. De donde veníamos, no siempre se iba de negro a un funeral, por lo que Mila había insistido en usar todos ese color.
Al acercarnos al lugar donde ya estaba todo el mundo reunido, el impacto fue inmediato. Nadie podía ignorarlo: no encajábamos. Todo el pueblo vestía de negro de pies a cabeza. Los sombreros, los abrigos, las corbatas, los zapatos... todos iguales, sombríos, respetuosos. Y ahí estábamos nosotros, una explosión de color que llamaba la atención de manera absurda.
Mi vestido era el menos problemático. Sencillo, de un rojo apagado, con un corte discreto y sin ningún adorno. Pero el de Mila y el de Kaia eran mucho más ajustados, con escote, llamativos.
Miré a Leigh a lo lejos: sus ojos se abrieron como platos y me dirigió una mirada que mezclaba asombro y reproche. No podía culparla; cualquiera que nos viera habría pensado que estábamos fuera de lugar.
Avanzamos lentamente entre las tumbas y las coronas, mientras la voz grave del sacerdote daba inicio a la ceremonia. Intenté mantenerme erguida, intentar parecer parte del mundo que me rodeaba, pero por dentro solo quería que la tierra me tragara.
✠✠✠
Habían pasado un par de días desde nuestra incómoda aparición en el funeral. Acababa de subir a la habitación tras cenar, y estaba ya acostada, esperando el sonido de la puerta que anunciara la llegada de Frey, el cual había ido a entrenar con Mason fuera de casa. Pero el tiempo pasó. Y pasó. Y siguió pasando.
La inquietud terminó ganándome.
Salí de la cama, descalza, y recorrí los pasillos silenciosos. La casa estaba a oscuras, apenas iluminada por la luz tenue de las lámparas del pasillo. Cuando casi llegaba al gimnasio, escuché voces provenientes de la cocina.
—¿Has jugado a la lucha de nuevo con papá, eh? —reconocí la voz de Heist.
Me apresuré hacia la cocina... y lo que vi me dejó helada.
Leigh y Heist estaban sentados en la encimera, cada uno con una taza de chocolate caliente entre las manos. Leigh tenía el labio inferior abierto, del que resbalaba un hilo de sangre; Heist la miraba con el ceño fruncido, claramente enfadado... pero no con ella.
Y entonces lo vi.
—¡Frey! —exclamé, entrando de golpe y captando todas las miradas.
Estaba de pie junto al fregadero. Su nariz sangraba, tenía un corte en el labio y un moratón enorme formándose en el pómulo. Pero lo peor era su expresión: oscura, vacía... ida.
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𝗨𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗣𝗼𝘀𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻 |𝗙.𝗦|
Fiksi Penggemar「❝-¿ʜᴀꜱᴛ ᴅᴜ ᴀɴɢꜱᴛ, ᴇᴠᴇ? -ɴᴇɪɴ. ❞」 ─────────────────────── ༄ 𝘶𝘯 𝘧𝘢𝘯 𝘧𝘪𝘤 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘦𝘺 𝘴𝘵𝘦𝘪𝘯 |TERMINADA|
