𝟒𝟏

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"𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐥𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐬𝐨".

—𝐅𝐫𝐚𝐧𝐳 𝐊𝐚𝐟𝐤𝐚.


Me desperté sobresaltada y lo primero que hice fue girar la cabeza hacia la ventana. Afuera aún era completamente de noche. El cielo estaba oscuro, sin rastro del amanecer.

Entonces lo sentí.

El brazo de Frey rodeándome la cintura, cálido, firme. Él seguía dormido, respirando de forma profunda y regular. Durante unos segundos me quedé quieta, escuchándolo, intentando calmar ese nudo extraño que llevaba horas instalado en mi pecho.

Tenía la garganta seca.

Decidí bajar a la cocina a por un vaso de agua.

Me moví con cuidado, deslizando mi cuerpo fuera de su agarre poco a poco para no despertarlo. 

Frey murmuró algo entre sueños, pero no abrió los ojos. Me incorporé, tomé una sudadera y salí de la habitación en silencio.

Los pasillos de la mansión estaban a oscuras, apenas iluminados por la luz tenue de las lámparas nocturnas. Bajé las escaleras despacio, descalza, procurando no hacer ruido. Justo cuando me dirigía hacia la cocina, escuché un golpe.

Venía de abajo.

Del sótano.

Me quedé paralizada un segundo. Mi corazón empezó a latir con fuerza.

Hayden, pensé de inmediato.

Sin pensarlo demasiado, comencé a bajar las escaleras en dirección al sótano y entonces lo vi.

Primero, un rastro oscuro en el suelo.

Sangre.

No tuve tiempo de reaccionar.

Un golpe brutal en la nuca me alcanzó de la nada. Sentí un estallido blanco en la cabeza y grité antes de caer al suelo, desorientada, con el mundo girando a mi alrededor.

Levanté la vista como pude.

Leigh.

Estaba de pie frente a mí, sosteniendo un candelabro con ambas manos. Su rostro era irreconocible: desencajado, pálido, los ojos abiertos de par en par.

—¿¡Dónde está Natalia!? —me gritó, fuera de sí—. ¿¡Qué le habéis hecho!?

Intenté hablar, pero todo daba vueltas. No entendía nada. Mi cabeza latía con violencia y la sangre me resbalaba por el cuello.

—Leigh... —logré murmurar, completamente perdida—. No... no entiendo...

Entonces una voz rompió el caos.

—¡Suelta eso!

Heist apareció de golpe al final de las escaleras. Leigh se giró hacia él, asustada, y sin decir una palabra salió corriendo en dirección contraria, hacia la puerta trasera de la cas.

—¡Leigh! —gritó Heist, pero ella ya había desaparecido.

Él corrió hacia mí y se arrodilló a mi lado.

—Eve, estás sangrando —dijo con urgencia, sujetándome la cara—. ¿Estás bien?

Asentí como pude, mareada.

—Sí... sí... —balbuceé—. Ve... ve tras ella. 

Me miró un segundo, dudando, pero al final asintió y salió corriendo tras Leigh.

𝗨𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗣𝗼𝘀𝘀𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻 |𝗙.𝗦|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora