Suelto un suspiro de molestia al cerrar puerta de mi habitación a mis espaldas. Me quedo donde estoy, el chocolate caliente en una mano y mi peso recargado en mi pierna derecha. Mis ojos están fijos en la espalda del chico que observa por la ventana.
-Creí que te habías escapado a mitad de la noche -murmura.
En lugar de contestar para que un nuevo disgusto se desate entre los dos, extiendo el termo hacia él.
-Para ti, es chocolate caliente -pronuncio con cierta rigidez-. Aunque quizás prefieras el café.
-Detesto el café -comenta. Gira el rostro de modo que no puedo ver su expresión, toma el termo por la tapa y no se mueve hasta que yo lo suelto-. Gracias -susurra-. Yo, eh... Lamento haberme alterado por la mañana. Estoy poco acostumbrado a lidiar con otras personas.
Dejo que el silencio reine unos momentos.
-Ambos estamos alterados. No nos conocemos así que, podría decir que estamos pasando por un periodo de adaptación en la que es normal que haya desacuerdos. -Me encojo de hombros, restándole importancia al tema.
Él parece captar que quiero llegar a una zona neutral, porque asiente con la cabeza sin agregar nada.
La verdad me cuesta admitir que también me equivoqué. Con mi vida pendiendo de un hilo, preocuparme por las ausencias que tengo en la escuela es ilógico. Debería haberme preocupado primero por cómo vivir otra semana.
-¿No te aburres de estar día y noche en mi habitación? -cuestiono para cambiar de tema.
- Y para tu mala fortuna, no, no me aburro con facilidad. Menos con los vecinos que tienes -dice sin mirarme.
Su dedo índice dibuja un cuadro en el cristal empañado de la ventana.
-¿Ah, sí?, ¿y qué fue lo que descubriste de mis vecinos en plena madrugada?
-Lo he hecho durante el día, en realidad.
Dejo de mirarlo para ocuparme de mis cosas.
-La vecina de enfrente, es una persona solitaria a la que le gusta inmiscuirse en la vida de los demás. Por la mañana, ha salido a regar su jardín, lo que no sería raro de no ser porque estaba lloviendo. -comienza a relatar-. Al principio pensé que estaba loca, pero luego me di cuenta de que observa a la pareja que vive a lado. Parece que discuten demasiado fuerte y despiertan la curiosidad de la anciana.
Busco en mis cajones algo cómodo que pueda usar como ropa para dormir. En realidad, solo tengo un pijama, porque fue uno de los regalos de cumpleaños que Vladimir me hizo, pero no suelo usarla mucho porque me siento incomoda con las costuras.
<<Tomar un baño a mitad de la madrugada es lo más placentero del mundo, da igual la ropa que me ponga después>>, razono.
-Los vecinos al otro lado de la anciana, tienen dos niños que parecen estar en la misma edad. Lo curioso es que no se parecen entre sí, mucho menos a sus padres. -Nueve no parece importarle que no le estoy prestando demasiada atención-. Y a juzgar por la cantidad de juguetes que sacaron al jardín, creo que son adoptados.
-Yo tenía muchos juguetes cuando era niña, y no soy adoptada -digo rebuscando en mis cajones.
-A ti te compraban juguetes para compensar la falta de tus padres -contesta con frialdad -. A ellos parecen estarlos compensando por algo similar.
-Ese comentario fue crudo y demasiado generalizado, ¿no te parece?
-Así es la verdad. Cruda.
Este chico sí que sabe cómo molestarme.
ESTÁS LEYENDO
Rojo Ascender
Science FictionNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
