Capítulo 43: Persuación

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—No te resistas, tranquila. Te prometo que no voy a hacerte daño —susurra una voz masculina a mis espaldas—. Necesito hablar contigo. Es muy importante.

No detecto ningún olor químico en la tela que cubre la mitad inferior de mi rostro cuando me arriesgo a comprobarlo con una ligera inhalación. Tampoco se siente húmeda, así que fue puesta en mi con el objetivo de callarme, no como una artimaña para drogarme.

Me han arrastrado hasta un callejón sin salida a un lado del supermercado. Al ser tan temprano, pocas personas pasan por la calle, pero si grito estoy segura de que alguien podría acudir en mi ayuda.

Lo extraño, es que no siento miedo. No se siente como un secuestro, no siento que haya una amenaza hacia mi persona. Pero entonces, ¿por qué este sujeto me ha traido un lugar apartado de la vista de los demás?

—Por favor, Nira. Te juro que es importante. —Lo reconozco al oír mi nombre salir de sus labios—. Tiene que ver con Anhelm. Y eres la única en quien puedo confiar.

Se trata de Lain.

Es irónico que el traidor de Anhelm sea quien dice no tener en quién confiar, pero no me corresponde a mí juzgarlo por actos del pasado que en realidad no conozco.

La curiosidad hace que me vuelva impulsiva, poco cautelosa. Confío en que puedo volver a ganarle en el caso de tener que pelear contra él. Lo hice una vez y puedo hacerlo las veces que quiera. Eso me permite ser tan arriesgada como se me antoje.

Moveteo la cabeza para deshacerme de su presión sobre mi boca. Él no lo entiende hasta que doy unas palmadas en una de sus piernas, libera mis labios luego de eso.

No planeo huir. Si él quisiera capturarme, ¿por qué esperar a que estuviera sola en un lugar público? De la misma forma que Lewis irrumpió en mi sala, unos cuantos agentes más pudieron acompañarlo para refundirme en los laboratorios de Imperio.

—Promete, no; jura que es importante —digo apenas me lo permite—. Jura por la memoria de mi padre que esto es importante y que no es un sucio truco para capturarme.

Su cuerpo, que aún aprisiona el mío entre sus brazos, se tensa. Me sabe un poco mal hacerlo jurar en el nombre de mi padre, pero no sé qué otra cosa podría ser valiosa para él. Y no puedo valerme de lo que vea en su rostro, ya que está a mis espaldas.

Su colonia de nuevo invade mi nariz y su familiaridad me desconcierta. Ya la he sentido antes, pero no en aquella vez. No, fue en otro lugar, en un tiempo más lejano, pero el cuándo está borroso; el dónde está nublado y el cómo es una mancha indefinida.

—Así que ya lo sabes. —Suelta un suspiro aliviado—. Lo juro por la memoria de Austin.

¿Sonó su respuesta como una honesta? Para empezar, ¿cómo suena Lain cuando miente?

—Puedes dejarme ir.

Le toma unos segundos de duda soltarme finalmente. Una vez libre, camino hacia la pared contraria del estrecho callejón. Recargo la espalda en la pared. Él me dedica una mirada extrañada y levanta las manos pidiendo que me calme cuando frunzo el entrecejo al verlo con su habilidad activada.

«No era perfume. Es el aroma de su esencia».

La sensación de desconocimiento es horrible, abre una herida en mi pecho que creí cerrada.

—Solo hice que las personas ignoren que estamos aquí —explica antes de bajar las manos.

Asiento cediendo mi postura defensiva.

Sus hombros caen un poco. Sus manos palmean a los costados de sus piernas repetidas veces sin parar y su mirada sube a mi rostro y baja hasta el suelo las suficientes veces como para marearme.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora