Capítulo 39: Desesperación

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Kellan tiene los ojos inyectados en rojo, con las venas hinchadas de una manera muy alarmante. Al toser, su saliva va acompañada de sangre que mancha mi ropa. Y el sonido de gorgoteo que sale desde su garganta me hace sumirme en el pánico.

—¿¡Kellan!? —Lo sostengo con desesperación.

No tengo ni la menor idea de qué hacer. La desesperación me carcome y no puedo pensar con lógica cuando veo caer lágrimas de sangre desde sus ojos y el gesto de dolor en su rostro.

«¿Por qué sangra? No debería sangrar».

Kellan se retuerce en mi regazo hasta que se escapa de mis brazos. Sus quejidos suenan ahogados, y escupe más sangre a medida que se mueve. Su respiración es un completo desastre.

—¡No te muevas! —pido tratando de acercarlo a mi. Él murmura algo ininteligible y se contrae evitando mi tacto. Se posa sobre sus rodillas con intención de erguirse—. ¿Qué haces? ¡No trates de levantarte!

—Aléjate —su voz sale cortada.

—Déjame ayudarte. —Intento llegar a él una vez más.

—¡No!

Me empuja, haciéndome caer hacia atrás al mismo tiempo que él trataba de poner distancia. Su cuerpo parece colapsar antes de poder dar un paso. El grito desgarrador que le sigue desboca mi corazón, el cual para este punto siento que quiere partirme las costillas para escapar, huir lejos de esta aterradora escena.

La piel de la nuca se me eriza al ver cómo la habilidad de Kellan parece rebotar contra él, una escena que viví hace poco en carne propia. El rojo de los hilos que salen desde su torso se mezcla con una nube roja que le cubre el pecho. Él grita, se encoge y entierra las manos en las hojarascas caídas.

Sus oídos y nariz sangran también ahora.

Sé cuánto duele, pero no recuerdo haber sangrado como él lo hace.

—¿¡Qué está pasando!? —Seven entra en mi visión periférica.

—Yo, no sé... no pude-... —tartamudeo.

Seven me levanta sosteniéndome por los brazos con ambas manos.

—¡Concéntrate! —Me sacude—. ¿Qué fué lo que pasó?

—Él fue alcanzado por un inhibidor —logro decir.

—¿¡Cuánto!? —grita ante mi rostro. Su furia lo tiene casi rompiéndome los brazos con su fuerza de agarre—. ¿¡Cuánto le inyectaron!?

—Una dosis completa.

—¡Con un carajo! —Me deja ir.

El hecho de que tenga una nueva gabardina me hace sospechar que llegó al auto antes que nosotros. Se revuelve el cabello acercándose unos pasos a Kellan. La habilidad del chico de ojos grises aún no está bajo control, de modo que reaccionan ante la cercanía de un extraño. Un par de hilos latiguean la pierna del rubio.

Seven masculla algo mirandose la herida.

—Joder, de nada me sirve el antídoto ahora.

—¿Qué está pasando?

—Kellan tiene una clase de respuesta inmune adaptativa al suero inhibidor. Una dosis para nosotros es como cinco o seis para él —explica—. Cuando era niño, recibió demasiado de ese suero, hasta el punto de primero crear una tolerancia, pero cuando llegó al refugio y fué privado de ese suero, se volvió demasiado sensible a él.

—¿Qué hacemos? ¿Cómo podemos ayudarlo?

Seven se quita la gabardina que lleva ahora, la reconozco, es la que llevaba puesta la primera vez que lo vi en el refugio. Sin importarle que los hilos de la habilidad de Kellan lo lastiman, se acuclilla ante él y lo cubre con la gabardina.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora