Afueras de Anhelm, cerca del muelle de la ciudad
<<Minutos antes, Nueve/Kellan...>>
Mi nuca rebota contra el suelo. Cristales de la ventana caen a mi alrededor lo que tomo como un aviso de que traeré fragmentos traslúcidos en el cabello por lo que reste de pelea. Al recuperarme de la caída me quito de encima la estúpida cadena que tengo enredada en los brazos.
Es la tercera vez que me arrojan por una ventana este mes. Tengo que evitar que esto se vuelva una práctica común.
Algo me dice que estas áreas desiertas les pertenecen a Imperio, por algo la mayoría de ellas tienen prohibido el paso y es aquí donde se desarrollan peleas con una frecuencia anormal. Si mi teoría es cierta, la zona de edificios abandonados no es el mejor sitio para estar, pero tenía que alejarlos de Anhelm. Aunque claro, entrar al territorio del refugio de Escarlet trae peores consecuencias.
—Mierda, Yam —exclamo desenredando las piernas de su cadena—. ¿Cómo se puede ser tan inútil?
—No es mi culpa que tú seas malo jugando en equipo —gruñe en respuesta.
Mi antebrazo izquierdo tiene tres cristales de tamaño considerable incrustados. He ganado otra serie de puntadas de Drei, lo que lleva también a tolerar uno de sus sermones.
Yam cayó a unos pasos, pero eso no lo salva de que arroje su estúpida cadena en su dirección. Los eslabones de metal caen cerca de él, no porque haya fallado mi intento de golpearlo, sino porque no puedo golpearlo.
Camino para alejarme del edificio, directo hacia donde inicia el bosque que conduce a Anhelm, también para dejar atrás a la carga molesta que representa Yam.
—Estorbas. —Toco los cristales, creando un escudo que los envuelve y sacudo el brazo, extrayéndolos—. El código me obliga a cuidar de otro Ascendido durante una confrontación, sin importar que sea de otro refugio o lo altamente estorboso y propenso a cometer actos idiotas.
—No me importan tus estúpidos códigos, ¿en qué me afectan?
—En que debes saber que también dicen que; de ser ese individuo un obstáculo en el cumplimiento de mis tareas, tengo permitido eliminarlo con una justificación clara y justa.
—¡Qué te jodan! ¿Cómo justificarías eso, contra asesino? —Su tono me invita a una pelea.
—Sería un favor para ti. Eres demasiado idiota e inútil para estar con vida.
Una punzada en el pecho me hace reaccionar. Pongo un escudo a mi alrededor justo a tiempo para ver una fuerza impactar contra Yam, lo que lo hace volar hacia el bosque. El escudo tiembla un segundo, mismo en el que miro hacia donde percibo una esencia extraña.
Sin duda acabo de pasar del sartén al fuego.
Tres agentes de Imperio me regresan la mirada. Dos con la Corona adornando sus insignias, llevan esas pistolas de pulso que te manda por los aires. Si me dan de lleno, podrían incluso detener mi corazón por unos segundos, suficientes como para que puedan inyectarme un Inhibidor de habilidad.
El agente que le disparó a Yam espera hasta el que agente de mayor rango, hace una seña y después desaparece en el bosque en tras su víctima. No puedo arriesgarme a ir por Yam. De modo que él se las tendrá que arreglar por su cuenta.
Estoy solo; uno contra dos, al otro lado del territorio de mi refugio; en territorio donde tengo enemigos hasta dentro del refugio cercano. No me gusta resumir de manera apresurada, pero sin duda estoy hundiéndome en lodo y si hago movimientos en falso, terminaré atascado hasta el cuello.
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Rojo Ascender
Ciencia FicciónNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
