Vuelvo a picar las costillas de Kellan con molestia, él continúa con su ataque de risa sin que mis vagos intentos por detenerlo lo perturben demasiado. Ríe con las manos en el estómago y los ojos cerrados con firmeza.
He perdido la cuenta de los minutos que lleva riendo sin para, así que me dejo caer en la cama abandonando la idea de hacer cesar sus burlas.
Mis pies cuelgan fuera de la superficie blanda, lo que causa un contraste entre el frío de mis extremidades inferiores y la calidez en mi espalda. Acomodo las mangas de suéter azul que era de Júpiter. No quería ponérmelo, pero no usarlo no lo va a regresar a la vida.
Kellan se recuesta a mi lado con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo de las carcajadas y una sonrisa pintada en su rostro.
—¿Me contarás el cuento? —insisto, esta vez, con curiosidad genuina.
—¿Cuál cuento? —dice, aún entre risas que se van apagando.
—El del dibujo en tu puerta.
Kellan suspira. Aun percibo el eco de sus carcajadas resonando en las esquinas de la habitación. Se aclara la garganta y toma aire un par de veces, calmando su clara respiración agitada.
—Es un cuento nórdico sobre un cachorro llamado Fenrir, el cual creció tanto que se le consideró una amenaza; fue llevado a Asgard para poder vigilar que no hiciera algo malo —comienza a relatar—. El cachorro no dejaba de crecer en tamaño y poder, lo que puso nerviosos a los dioses. Después de un tiempo se decidió que lo mejor era atarlo porque nadie quería cuidar de él debido al miedo que le tenían.
» Lo intentaron dos veces, aunque Fenrir no se opuso y dejó que le pusieran las cadenas que lo retendrían, se deshizo de ellas con facilidad en ambas ocasiones. Los dioses ya más asustados por las muestras de poder de Fenrir, decidieron buscar a los enanos para pedirles que forjaran una cadena mágica que pudiera retenerlo de una vez por todas.
Kellan no despega los ojos del techo, parece atrapado en su imaginación. La forma en la que está narrando no tiene muchos detalles de la historia, pero el tono en el que lo hace me tiene atrapada.
—¿Y pudieron hacerlo? —indago acercándome a Kellan.
Él dibuja una sonrisa amplia en sus labios, ese gesto es tan genuino que me parece haber visto el color plata de sus ojos centellear.
—¿Lo hicieron? —insisto.
Kellan toma mi mano mientras asiente con la cabeza, me hace cerrar los dedos en un puño.
—Los enanos crearon una cadena mágica usando ingredientes muy poderosos, una pisada de gato, la barba de una mujer; el aliento de un pez, las raíces de una montaña; los nervios de un oso y la saliva de un pájaro. —Por cada objeto, Kellan desdobla uno de mis dedos, y usa uno de los suyos para completar los seis objetos—. Así los enanos crearon la cadena Gleipnir, con la que por fin retendría a Fenrir. ¿Sabes cuál fue el problema?
Sus ojos se encuentran con los míos. Niego con la cabeza.
—Fenrir supo que la cadena era más poderosa que él y se negó a dejar que se la pusieran. Los Aesir, quienes lo mantenían recluido, ya no lo veían como una amenaza, entonces le prometieron que lo liberarían si no lograba romper la cadena. —Su mirada regresa al techo—. Fenrir no confiaba en la palabra de los que lo había retenido por tanto tiempo. Les dijo que, si uno de ellos se atrevía a meter la mano entre sus colmillos dejaría que le colocaran la cadena.
Un mariposeo se hace presente en la base de mi estómago cuando suelta mi mano.
—Solo uno de los dioses se atrevió a hacerlo. Como prueba de su fe, metió la mano entre las fauces de Fenrir y este se dejó colocar la cadena. —Me levanto sobre un hombro para mirar a Kellan, quien me regresa el gesto—. Cuando él supo que no podría liberarse de las cadenas, cerró el hocico, arrancándole la mano al dios —finaliza.
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Rojo Ascender
Ciencia FicciónNira está consciente de que su vida no tiene ni una pizca de normalidad, solo hace falta ver su más grande secreto: Tiene una habilidad sacada de los cómics. La tiene desde que una extraña figura se presenta en sus sueños: una mujer de ojos rojos y...
