Capítulo 47: Carnada viva, parte 2

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Venas doradas serpentean por el piso desde los dedos de Seven hasta los agentes, quienes levantan sus miras, listos para disparar. Las venas se despegan del suelo en forma de lanzas que atraviesan las armas en el medio de su extraña barriga, derramando cristal y líquidos de los colores primarios.

—Uy, casi olvido lo de cero sangre —dice enderezando la espalda—. Tienen suerte.

Algunos agentes retroceden ante la conmoción de ver su armamento destruido. El hombre que estuvo gritando órdenes lanza una maldición antes de arremeter contra Seven.

El rubio deja una mano apoyada en el suelo usándola de apoyo para patear hacia el rostro del hombre, el mismo impulso lo hace terminar parado en su única mano de apoyo. Sin detener el movimiento, hace una especie de marometa hacia atrás para alejarse de su agresor y terminar sobre ambas piernas.

Las oleadas de agentes dan contra el rubio uno a uno.

—Cuando me canse de ser padre adoptivo, voy a huir con el circo —se burla.

—Creo que lo de arrojar navajas a un sujeto frente a una madera ya pasó de moda —mascullo.

Esto de tener comentarios de humor a destiempo con la situación es raro, pero ayuda un poco a mantener una relativa calma.

La cabeza me duele tratando de comprender cómo se mueve tan rápido o cómo hizo el último salto cuando ya ha realizado uno nuevo con complejidad de atleta olímpico.

Si una de sus manos llega a tocar a algún agente, este se queda con un rastro dorado en la ropa que se mueve como una serpiente, envolviendolo y atándolo en el mismo proceso.

Seven corre hacia la pared izquierda del pasillo, salta usándola para tomar impulso y mandar al suelo al siguiente agente con una patada giratoria en el aire. Al caer, intercambia la posición de sus piernas en un medio giro que lo deja con su pierna dominante en dirección a los agentes.

Su siguiente víctima es el más bajo del grupo. Seven intercepta uno de sus brazos a mitad de un golpe que iba en su dirección, lo hace danzar en una vuelta completa y lo arroja en mi dirección.

—¡Improvisa! —demanda mientras el hombre vuela en mi dirección.

Salto en diagonal hacia la izquierda y al frente para esquivar al agente, tengo poco tiempo para posicionarme correctamente para patear su cabeza contra el muro. El "crack" de sus gafas de tiro al romperse contra la pared es como un aviso de que no se va a levantar.

—Seven, ¿qué carajo?

—El punto de la improvisación es resolver situaciones conforme la marcha —Se encoge de hombros.

Mi queja queda ignorada por la acción de su oponente más reciente.

Un agente lanza un tajo al aire con un cuchillo de hoja larga. Seven retrocede ante las abanicadas del arma, esquiva o re dirige los ataques con golpes en la mano del atacante, hasta que el hombre se harta y trata de saltar encima de Seven.

Trato de hacerme a un lado cuando noto que estoy apunto de ser aplastada contra la pared y la espalda de Seven. Aunque no logro quitarme del todo, al menos dejé el espacio suficiente para que el rubio no sea cortado.

—Usa tu habilidad para adelantarte —murmura sin mirarme—. Por esta vez seré tu escolta.

La urgencia es un poco palpable en su tono. Y viendo que en realidad no estoy siendo de ayuda, decido obedecer.

No me quedo para averiguar cómo se deshace del hombre con el cuchillo. Activo mi habilidad y comienzo a abrirme paso entre los agentes.

La verdad es que también estoy deseando deshacernos de los agentes más rápido para poder ir a apoyar a Kellan. Desde donde estamos, su esencia llega a mi paladar cada vez con mayor fuerza.

Rojo AscenderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora